Ajuste inflacionario vs. Gasolinazo, ¿Es lo mismo?… No

Ajustar el costo a la inflación no es un aumento al precio, sino una forma de mantenerlo actualizado en términos reales

Ajuste inflacionario vs. Gasolinazo,  ¿Es lo mismo?… No

La propuesta de Andrés Manuel López Obrador para contener –y eventualmente reducir– los precios de las gasolinas ha sido tergiversada por buena parte de la opinión pública, principalmente en las redes sociales.

En algunos casos, esto ha ocurrido por un ingenuo desconocimiento de las estadísticas; en otros, por una calculada intención de confundir a la gente.
Sin embargo, la propuesta de ajustar anualmente el costo de las gasolinas de bajo y alto octanajes (Magna y Premium) a la inflación no es, en absoluto, un incremento de precios, sino una forma de mantener su costo actualizado en términos reales.
Además, cuando se calcula de cuánto es el aumento anual de los gasolinazos, que mes a mes parece tener un inocente incremento de centavos, resulta más ilustrativo y evidente, pues se nota que el alza es de más del triple que la inflación.

Recapitulemos.

Desde el inicio de su campaña, López Obrador lanzó una promesa súper popular: de ganar la Presidencia, no aumentaría los precios de las gasolinas. A la postre, incluso, después de tres años, cuando terminara dos nuevas refinerías, bajarían. Dijo, pues, que se congelarían estos precios. En los días posteriores a la elección, detalló que estos combustibles tendrían un ajuste inflacionario, y fue entonces que se le cuestionó en redes sociales, principalmente, que cambiara de parecer.

Ajustar un servicio o producto a la inflación no significa incrementarlo, sino mantenerlo en el mismo nivel con respecto al costo de todas las cosas. Si la inflación anual es de 5%, por ejemplo, un refresco que costaba 10 pesos el año pasado debe venderse en este año en 10.5 pesos, para así mantenerlo en el mismo costo, que no es lo mismo que subirlo.

Eso es exactamente lo que propuso López Obrador, y que tendenciosamente algunos han tachado como falta a su compromiso de campaña.

Ahora bien, para quien dude –legítimamente, incluso– que el ajuste inflacionario no sólo significa dejar el producto en el mismo costo, a precios actualizados, sino que es mucho menor que el acumulado de los gasolinazos, usemos el ejemplo real del último año.

De acuerdo con la información del Inegi, entre junio de 2017 y el mes pasado, la inflación fue de 4.65%. Si se aplicara ya el criterio propuesto por AMLO, significaría que un litro de gasolina debería incrementar su costo en esa proporción. En cambio, el aumento total que tuvo la gasolina magna, entre junio de 2017 y junio pasado, fue de 16.79%, y la Premium subió 12.83%.

Esto significa que con la política económica actual, de un año a otro, el incremento por cada 100 pesos de consumo de gasolina es de 12.8 o 16.80 pesos, según sea Magna o Premium; mientras que con la propuesta de López Obrador habría sido de 4.65 pesos por cada 100 pesos de consumo.

Si hace diferencia, ¿cierto? El gasolinazo multiplica hasta 3.5 veces el promedio de la inflación.

Ahora bien, ésa es la propuesta en el papel y en la palabra del presidente electo. A lo que sí valdrá la pena ponerle ojo es a que se concrete; pero como propuesta, como plan, es infinitamente mejor que el desastre económico del alza mensual, que por cierto, panistas y priistas nos prometieron que iba a dejar de ocurrir con las reformas estructurales.

 

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