9/17: Efemérides de Tristeza y Esperanza

Ha sido conmovedora la reacción de la sociedad de México, en aras de apoyar al caído como si fuera uno mismo


Como suele suceder en los lugares donde se registran fenómenos naturales que afectan a grupos poblacionales, como en los últimos años India, Haití, Chile, China, Japón, Turquía, Azerbaiyán, Italia, etc., ha sido conmovedora la reacción solidaria de la sociedad de México, en donde la ciudadanía se unió sin importar raza, credo o posición social, en aras de apoyar al caído como si fuera uno mismo.

Hemos corroborado como, ante el desastre, la gente se apiada, coopera, apoya, llora la tragedia propia y la de otros, mostrando lo que realmente somos: comunidades sensibles, unidas ante la impotencia y el dolor humano.

Una calamidad como la que acabamos de vivir es una lección audaz de lo que un grupo identificado por los mismos principios y valores es capaz de realizar.

Ante los eventos de carácter político que ocurrirán el año entrante, sería deseable que emergiera una fuerza social que ante la urgencia y necesidad de nuevas propuestas políticas pudiera defender con la misma entrega la necesidad de justicia de los mexicanos.

Como en los recientes acontecimientos en que la población afrontó con decisión, vigor y valentía los retos de un fenómeno de grandes dimensiones, así, en correspondencia, debería gestarse una organización capaz de dar cauce a las emergencias sociopolíticas de México, que tienen que ver con sacar del atraso y la pobreza a gran parte de la población, y dar solución a los problemas de corrupción e inseguridad que vivimos.

Estamos ante una coyuntura que no deben desaprovechar ni la sociedad ni las organizaciones políticas para el relanzamiento de nuevas ideas y estrategias que brinden mejores condiciones de vida a los mexicanos.

Sería una lástima que dejásemos pasar la emergencia sociopolítica sin actuar, permitiendo ser mediatizados, y condenados a populismos anacrónicos o democracias enfermas que sólo ofrecen mayor desigualdad social.

Ojalá y esta experiencia traiga nuevas esperanzas para México. Ojalá dé pie para la instrumentación de un plan de desarrollo de largo alcance para el sureste del país, capaz de desarraigar las condiciones de miseria de nuestros coterráneos.

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