¡Aguas, empresarios!

Julio Scherer Ibarra tendrá más poder que cualquier secretario de Estado en la administración de López Obrador

¡Aguas,  empresarios!

El consejero jurídico de la Presidencia de la República en la administración de Andrés Manuel López Obrador será Julio Scherer Ibarra. En esa posición tendrá más poder que cualquier secretario de Estado, dicen los que saben, y lo va a ejercer contra sus enemigos y detractores. Así que eso de amor y paz no hay que creérselo.

Scherer Ibarra es uno de los personajes más cercanos a AMLO; fue empleado de Enrique Molina Sobrino en la Corporación Azucarera Escorpión –1997 a 1999–, a quien le ayudó a reestructurar una deuda con el gobierno federal de miles de millones de dólares; trabajó en la administración de Carlos Salinas bajo las órdenes de Pedro Aspe Armella; coordinó, en lo oscurito, la campaña de Francisco Labastida Ochoa, y después se dedicó a otras cositas.

La semana pasada llamó la atención del columnista la confesión que Scherer hizo a mi colega y amiga Martha Anaya, en la que comparaba a López Obrador con un ex presidente priista: Lo imagino Adolfo Ruiz Cortines ante un Miguel Alemán. ¿Y por qué con Ruiz Cortines?, preguntan los analistas bisoños. Ahí les va un breviario:

En 1952, asumió la Presidencia de la República Adolfo Ruiz Cortines, primer candidato lanzado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), nombre que impuso Miguel Alemán, en 1946, a lo que había sido a partir de 1938 el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), y antes el Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Ruiz Cortines lidió con el poderío económico y político de Alemán y los alemanistas: ex funcionarios del gobierno saliente, banqueros, empresarios, contratistas y concesionarios, todos enriquecidos con monumentales obras públicas y múltiples negocios al amparo del sexenio encabezado por el Cachorro de la Revolución, como aduló a Miguel Alemán, con marrullera ironía, Vicente Lombardo Toledano.

Para impedir la embestida alemanista que veía venir, Ruiz Cortines advirtió a los funcionarios gubernamentales en su discurso de toma de posesión, el 1 de diciembre de 1952: Obraremos con máxima energía contra los servidores públicos venales o prevaricadores y promoveremos la Ley de Responsabilidades de Funcionarios Públicos y Empleados, para la imposición de castigos ejemplares. Seré inflexible con quienes se aparten de la honradez.

La amenaza sirvió de poco para eliminar la corrupción de la administración pública federal. Fue útil para contener al ex presidente en su intento de instaurar una segunda versión del Maximato callista. Pero, aunque se esfumó la influencia de Miguel Alemán, pasaron muchos años para que desaparecieran del gobierno los multimillonarios negocios de él y su grupo. (Hasta aquí el breviario)

En los 80, auspiciados por los gobiernos de Miguel de la Madrid Hurtado y de Carlos Salinas de Gortari, surgieron otros multimillonarios a quienes Pedro Aspe Armella vendió, por instrucciones de Salinas, los bancos y las aseguradoras, así como las empresas paraestatales más importantes, los ingenios azucareros y otros negocitos. Por eso: ¡Aguas, con el nuevo Adolfito!

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