Sanciones a Teherán, aplausos a Riad y un mismo resultado

Las tímidas presiones recientes de potencias occidentales contra Riad parecen ser el resultado del escándalo por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi

Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México
Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México

Cuando están bajo presión, los autócratas se aferran al poder sea cual sea el precio. Lo atestiguamos recientemente en el comportamiento de los regímenes de Irán y Arabia Saudita, a la luz de las noticias que han retenido la atención mediática en los últimos días: 1) la entrada en vigor de nuevas sanciones de EU contra Irán para obligarlo a cambiar su política regional y 2) el llamado de París, Londres y Washington a detener la escalada de la guerra en Yemen, que lleva la firma del príncipe heredero saudita Mohamed Ben Salman.

Hodeida, ciudad portuaria al oeste de Yemen en manos de los rebeldes hutíes, ha sido escenario de fuertes enfrentamientos con fuerzas progubernamentales apoyadas por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Unicef llamó al país en guerra infierno en la tierra para los niños, golpeados por la hambruna. Sin embargo, el asalto aéreo, marítimo y terrestre de la coalición (defendida por los países occidentales) ha continuado descaradamente. Las tímidas presiones recientes de potencias occidentales contra Riad han sido sólo retóricas y parecen ser el resultado del escándalo causado por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudita de Estambul el pasado 2 de octubre.

En cambio, las sanciones contra Irán en vigencia desde el lunes pasado representan un paso más en el plan de Washington de privarlo del dinero con el que financia a sus socios en países como Siria, Líbano, Irak y Yemen. Llegan en muy mal momento para la república islámica, que se enfrenta a una crisis política y social interna en la que las consignas que cuestionan su política exterior son cada vez más audibles.

Sin embargo, las sanciones internacionales ya han mostrado sus límites en el pasado. En un extenso informe publicado la semana pasada titulado El regreso ilógico de las sanciones estadounidenses contra Irán, el International Crisis Group, think tank con sede en Bruselas, explica cómo el poder de influencia de Teherán en Medio Oriente no depende exclusivamente de sus medios financieros, sino de su capacidad de crear o apoyar milicias locales leales que luego se integran, en diversos grados, al tejido social de los países en cuestión.

Asimismo, si bien la crisis económica en Irán se puede atribuir más al modelo económico y la corrupción, es un hecho que las sanciones fortalecen a la clientela corrupta del poder islámico, empobrecen a los iraníes y afectan duramente sus derechos básicos, como el de la salud. El resultado probable es que más jóvenes emigren antes que intentar derrocar al régimen.

Con todo, Ben Salman parece estar en una mejor posición que los autócratas iraníes para resistir golpes internos o externos; las diferencias demográficas y político-institucionales entre ambos países, y la fuerte interdependencia económica entre el reino saudita con los países occidentales son dos razones. Otra es que la consolidación de su poder desde que se convirtió en príncipe heredero en junio de 2017 se ha acompañado de su desempeño paralelo como Ministro de Defensa, cargo desde el cual logró expandir los intereses económicos y comerciales del sector de la seguridad, y controlar agencias que antes funcionaban como feudos separados liderados por miembros de la familia real.

Teherán se encuentra en el triple visor de estadounidenses, israelíes y las monarquías del Golfo; se desconocen sus intereses de seguridad elementales y se le retira cualquier posibilidad de diálogo. Con Riad ocurre lo contrario. Pero el resultado final es el mismo: fomentar la soberbia y tontería de ambos gobiernos, con consecuencias sociales y humanitarias desastrosas.

 

*Investigadora del Colmex

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónSacapuntas / Heraldo de México

Sacapuntas