Guerras en silencio

Khassoggi es el episodio más reciente de un fenómeno global: el declive de la libertad de prensa en el mundo

Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México
Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México

Jamal Khashoggi, periodista saudí de 59 años, colaborador en The Washington Post y autor de artículos que critican al príncipe heredero Mohammed Ben Salman, desapareció el 2 de octubre después de visitar el consulado de Arabia Saudí en Estambul para obtener un documento de matrimonio. Nunca salió y se desconoce su paradero.

Antes asesor de la familia real, Khashoggi perdió el favor del gobierno saudí y se exilió en EU en 2017. En su último artículo (11 de septiembre), criticaba la participación de su país en el conflicto de Yemen, caificándola de cruel y devastadora. Después de tolerar el empuje de los Houthi (en el que buscó debili-tar al movimiento revolucionario yemení y al partido Islah, vinculado a la Hermandad Musulmana), Arabia Saudí viró el timón en 2014, cuando Ben Salman buscaba formas de afirmarse mundialmente. La agenda dictada por la obsesión antiiraní deTrump y su aliado israelí llevó al príncipe a movilizar una coalición de 10 países definida como sunita. Las tareas militares, apoyadas por Washington, Londres y París, se dividieron en una ofensiva terrestre coordinada por los Emiratos en el sur, y una campaña aérea coordinada por los saudíes en el norte. Pero después de tres años de guerra la desintegración de los servicios públicos en Yemen es total; la hambruna acecha a 64.5% de los yemeníes, incluidos 5 millones de niños. Khashoggi responsabilizó al príncipe del desastre en Yemen, y no a la familia real, dividida por las ambiciones de Ben Salman.

Pero éste ya ha visto que Trump no se preocupa de la muerte de civiles y niños yemenís a manos de la coalición, ni de las violaciones de derechos humanos en Arabia Saudita. El príncipe parece confiar, también, en que el presidente turco Erdogan evitará una guerra diplomática debido a los problemas financieros de su país. Hubiese sido el colmo que Erdogan rescatara a un disidente extranjero cuando unos 150 periodistas están tras las rejas en Turquía.

El misterio de Khashoggi encaja con un patrón de intimi-dación a la crítica y la disidencia en Arabia Saudí que se agudizó desde la Primavera Árabe, con interrogatorios, amenazas y detenciones. En la región, la violencia contra la actividad periodística se ha recrudecido, aunque varía según el país. En Egipto se ha encarcelado a un número récord de periodistas desde 2013. En el Golfo, a la censura habitual se agregaron las repercusiones de la guerra mediática entre Riad, Abu Dábi y Manama, por un lado, y Doha, por el otro. Además de la censura directa, los puntos de venta enfrentan la represión por presiones financieras e influencia estatal en las redes de publicidad. En Israel, Reporters Without Borders señala que los medios están cada vez más sujetos a la presión política del gobierno. Hay en Israel una creciente incidencia de demandas por difamación presentadas por funcionarios contra periodistas.

Jamal Khassoggi es el episodio más reciente de un fenómeno global. Su desaparición y probable asesinato es una oportunidad para reflexionar sobre las condiciones del periodismo en Medio Oriente, pero también sobre el declive de la libertad de prensa en el mundo.

 

*Investigadora de El Colmex

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