La herencia de Elba Esther Gordillo

Con escasos 21 años, la profesora comenzó a adentrarse en los oscuros laberintos del Sindicato Nacional

Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México

Perplejos se quedaron los observadores políticos y la sociedad en su conjunto cuando se enteraron de que la cuantiosa fortuna de Elba Esther Gordillo no la hizo en el SNTE, sino que es resultado de una herencia de su mamá. Obras de arte, dinero, mucho dinero, acciones, propiedad… formaron parte del legado de doña Estela Morales Ochoa. ¿Tú le crees a Elba? Podría preguntar Roberto Madrazo. Nosotros tampoco. Y es que, según los biógrafos de la señora Gordillo, algo no encaja en la historia de cómo una maestra rural se hizo milloneta.

Va lo que han publicado algunos de sus biógrafos: Elba Esther y su hermana menor Martha Leticia, fueron hijas del modesto agente de tránsito del Distrito Federal, Daniel Gordillo Pinto y de Estela Morales Ochoa, y nietas de Rubén Morales Trujillo, próspero productor de aguardiente de caña en su finca de Comitán, Chiapas. Daniel y Estela tuvieron dos hijas, pero en 1948, cuando Elba Esther tenía apenas tres años, el padre murió y la miseria se asentó en el hogar. Muy pronto le llegaron noticias al empresario Morales Trujillo de la pobreza en que vivían su hija y sus nietas huérfanas de padre y se hizo cargo de ellas.

Elba Esther ha recordado en voz alta esos primeros años de infancia al lado del abuelo duro y frío, aunque generoso, y ha recordado también un día de abril de 1959 en que se rebeló, a los 14 años, contra el autoritarismo violento de aquel macho chiapaneco, que en castigo por una travesura sin importancia de su nieta mayor la golpeó con un fuete. La niña, como pudo, arrebató el fuete al abuelo y le gritó: ¡Jamás me volverá usted a pegar!
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Después de ser golpeada por el abuelo Rubén y de forcejear con él, Elba Esther se acercó a doña Estela, le pidió que dejara de llorar y le dijo: Madre, o esto o nos vamos. Elba, su hermana y su madre abandonaron la próspera finca comiteca para ir a vivir en un vecindario pobre de la misma población. Para sostener el hogar en Comitán, doña Estela trabajó como afanadora en un hospital, pero sus ingresos eran insuficientes. Así, Elba comenzó a dar clases eventuales de alfabetización en 1960 al tiempo que cursaba la educación secundaria. En 1963, cuando apenas había cumplido 18 años, obtuvo su primera plaza como maestra de primaria en una escuela rural.

A la muerte de su marido, Arturo Montelongo Martínez (1965), la joven viuda decidió abandonar Comitán para probar suerte en Ciudad Nezahualcóyotl, Edomex. Ahí consiguió dar clases en una escuela primaria y comenzó una dura etapa en compañía de su hija, de su hermana y de su madre.Elba Esther, con 20 años, daba clases en Nezahualcóyotl y en las tardes se trasladaba al Distrito Federal para trabajar, primero como recepcionista y tiempo después como mesera del Hotel Plaza en el Paseo de la Reforma.

En 1966, con escasos 21 años, la profesora comenzó a adentrarse en los oscuros laberintos del SNTE, cuando el gremio vivía bajo el dominio del ingeniero Jesús Robles Martínez. ¡Y de ahí pa’l real!

Así que a otro perro con ese hueso de que heredó de su madre su cuantiosa fortuna.

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