Adriana Sarur: Geopolítica de Europa, en la adversidad

La nueva dinámica mundial se trata de romper la lógica discursiva del triángulo de hierro Merkel, May, Macron

Veintidós de mayo, fecha que se recordará por los 22 muertos que dejó el ataque terrorista en Manchester que puso en luto a un pueblo y en alerta máxima a todo el Reino Unido. La resonancia de lo ocurrido trasciende a la Inglaterra del Brexit, a la Inglaterra de la práctica comunitaria europea y a la memoria colectiva.

Sin embargo para conocer las entrañas del atentado de Manchester es necesario saber el conflicto y crisis de dos siglos de tensión entre occidentalitas e islamistas que no termina con las pérdidas y los fallecidos, ni con la indignación del mundo, termina cuando la humanidad comprenda que debemos luchar por mantener nuestras libertades fundamentales y erradicar las ideas torcidas del terrorismo.

Es cierto que para el viejo continente el fantasma del terrorismo no es nuevo como tampoco lo son los sucesos de violencia que se han suscitado en la lucha por la hegemonía mundial, por eso es importante que fuera de toda consideración política, filosófica o étnica se comprenda que lo sucedido en Manchester demuestra la fragilidad de la seguridad hemisférica europea.

Nuestro verdadero factor decisivo no es la estabilidad, sino proteger las libertades y derechos que nos permiten a cada uno ser protagonista de su propia historia y actuar en libertad para rechazar cualquier idea seductora del islam.

De eso se trata la nueva dinámica mundial, de romper la lógica discursiva del triángulo de hierro Merkel, May, Macron que en tiempos de crisis llama a la movilización de ciudadanos frente a un enemigo común, Isis, sin antes entender que deben primero llamar a la conciencia, a la mesura y al entendimiento en búsqueda de una pacificación duradera.

Y es que para nadie es secreto que detrás de la posición privilegiada, de los lados opuestos, de los fundamentalismos irrazonables se albergan los mismos sentimientos y el mismo destino: pobreza, marginación y desesperanza. Esa es la imagen que líderes de todo el mundo no pueden permitirse, por lo que es momento de reivindicar el consenso internacional que exige actuar con dignidad, pues es lo único que les permitirá devolver a cada nación la capacidad de hacer, decidir y definir su propio destino.

Quizás sea momento que liderazgos se cuestionen si serán capaces de plantearnos la solidaridad de los pueblos para superar este arrebato de violencia y la posibilidad de radicalización del Estado Islámico.

Quizás sea la decisión de repensar con un fondo más amplio las causas y consecuencias del ataque, en la geopolítica, en la solvencia ética del discurso y de reavivar esa solidaridad y compasión que garantiza una civilización con futuro.

Por eso no baste que los líderes del mundo reconozcan las causas del atentado o señalen culpables, es necesario reiniciar sobre las bases de la tolerancia y la dignidad de los pueblos, y trascender a origen o ideologías en un objetivo común, el fin del terrorismo.

Es momento de que antes de proclamarse vencedor una nación, busque trascender al poder reactivo de la violencia, al unilateralismo de la reacción en cadena o la militarización como únicos caminos hacia la pacificación.

De ahí que todo un continente debe resistirse al arrebato de la intolerancia, la estimación de minorías o restricción de derechos civiles de sus propios nacionales que terminarían por radicalizar las posturas, profundizar las heridas y dilapidar los grandes esfuerzos que las comunidades han hecho en este siglo XXI, por creer en los valores democráticos como el único camino hacia el desarrollo de los pueblos. En medio de grandes éxodos migratorios y huérfanos de la violencia, es tiempo de cambiar, es tiempo de movilizar a Europa y sus aliados a defender la dignidad de hombres y mujeres del mundo, sin importar origen, género o ideología.

Adriana Sarur es exdiputado federal

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