Adriana Delgado Ruiz: ¿Y el 2 de julio qué? El objetivo transístmico

Si algo necesita el sureste mexicano, son obras de infraestructura y proyectos productivos de amplia visión

Desde 1857, Estados Unidos pretendió adquirir las tierras del Istmo de Tehuantepec para conectar el puerto de Coatzacoalcos en el Golfo de México con el de Salina Cruz, en el Océano Pacífico. Una distancia de 302 kilómetros que es la franja terrestre más estrecha en territorio mexicano.

La idea ya era, desde entonces, incluso trasladar barcos remolcados por locomotoras de un litoral a otro. Para 1907, Porfirio Díaz inauguró la ruta ferroviaria que se convirtió en la preferida para América del Norte, los países europeos y los asiáticos de este hemisferio por su admirable posición geográfica.

El declive llegó con errores de construcción en el puerto de Salina Cruz que limitaron a las embarcaciones de alto calado, que no alcanzaron a corregirse por el estallamiento de la Revolución Mexicana. Desde entonces, varias administraciones han intentado echar a andar el Corredor Transístmico.

En 2016, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes asignó 4 mil 343 millones de pesos a la infraestructura portuaria, férrea, carretera y aeroportuaria del corredor en un periodo de entre 5 y 10 años.

En comparación, la primera etapa del Nuevo Aeropuerto Internacional de México costará 180 mil millones. Visto así, la inversión no es onerosa. La Ley Federal de Zonas Económicas Especiales le otorga ese estatus al Corredor Transístmico para estimular la llegada de inversiones privadas que avancen hacia convertirlo en un polo de desarrollo industrial, comercial y de servicios para el sureste mexicano.

Una de las mejores ideas del Proyecto de Nación 2018-2024 del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador es continuar con el desarrollo del proyecto. Se trata de una región altamente sísmica que requiere de una ingeniería especialmente cuidada, en la que además hay poblaciones indígenas, cuya cultura y arraigo hay que preservar. Sin embargo, la creación de todos los empleos que implica el corredor significa muchas oportunidades, menos pobreza y disminución de la violencia que ocasiona el crimen organizado.

Nada más de enero a mayo de este año, en Oaxaca se registraron 823 homicidios y 13 mil 429 robos de diversos tipos. En Veracruz no están mejor: 924 homicidios y 8 mil 78 robos.

Durante el primer trimestre de 2018, 4 mil 581 oaxaqueños perdieron su empleo por mes. Hay un millón 600 mil personas con trabajo, pero 80.8 por ciento es de manera informal. Lo mismo sucede con 69 por ciento de los 3 millones 184 mil que tienen un empleo en Veracruz.

Esos estados no están entre las tasas más altas de desempleo, pero sus condiciones son claramente precarias. Si algo necesita el sureste mexicano, son obras de infraestructura y proyectos productivos de amplia visión.

Y hablando de infraestructura, ¿qué pasará con el Tren Interurbano México-Toluca que terminará costando 59 mil millones de pesos y quedará inconcluso al final de esta administración? ¿Y con los 120 mil millones que costaría cancelar el Nuevo Aeropuerto?

 

 

ADRIANA DELGADO RUIZ

DIRECTORA DE AZTECA OPINIÓN

@ADRIDELGADORUIZ

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