Adicción a Facebook para no pensar

Nos sumergimos horas en Facebook, mientras la vida pasa afuera sin darnos cuenta

Pedro Ángel Palou / Heraldo  de México
Pedro Ángel Palou / Heraldo de México

Michel Maffesoli afirma que en este tiempo otra vez tribal los comportamientos virtuales anuncian lo que será nuestra nueva socialidad, entonces Facebook es la medida de la amistad futura. Certificado por Facebook, eres mi amigo. Y es que Valery lo intuía en una imagen luminosa: no hay, decía, nada más profundo que la piel. Elogio de lo epidérmico, lo superficial por vez primera sin adjetivos. Superficial que no significa banal. Facebook es un campo electromagnético en el que por fuerzas centrípetas y centrífugas el usuario llena su contenido, lo inventa y reinventa, incluso con sus poderosos motores de búsquedas o sus programas ad hoc que con absoluta amabilidad vuelven a un aparentemente simple portal de relaciones sociales en un parámetro de nuestro nuevo cibergregarismo: el de una verdadera interfase. Creemos saber, conocernos, relacionarnos. Nos sumergimos horas en Facebook mientras la vida pasa afuera sin darnos cuenta.

Mientras tanto, no se nos olvide, estamos en guerra. El siglo XXI es el siglo de la guerra –una guerra que no terminará quizá nunca-, entre dos monoteísmos igualmente banales y excluyentes, un imperio que es el último religioso de occidente –trastocado siempre en empresa, en consorcio ya no en la fábrica que estudió el marxismo- y un terrorismo que es no el otro maldito, sino su complemento (el consorcio, no lo olvidemos, fue el principal subvencionador de una de las caras visibles de la internacional del terror, Bin Laden). El 11 S algo cambió para siempre. Del todo. Leo a Calasso y lo llama correctamente en el título de su libro: La actualidad innombrable.

En sólo dos siglos hemos convertido en nada todo lo que habíamos heredado. Y hemos matado, entre otros, a la literatura. Hoy la prosa tiene denominación de origen, la prosa-tequila, la prosa nieve de limón. La ruina es también un territorio del mercado. No hace falta más que mirar a todos esos artistas convencidos de la ruina del arte y ellos mismos arruinándolo todo. Arte de la ruina o ruina del arte, está por verse. ¿Qué pasará con un artista conceptual como Gabriel Orozco rediseñando Chapultepec, por ejemplo?

Hay que destrozar la comodidad de la frase. Avanzar contra las frases ancianas, usadas, adversas, despertar y provocar, como dice el Evangelio Apócrifo de Tomás: Aquel que conoce el mundo descubre un cadáver y aquel que descubre un cadáver no puede estar contenido por el mundo

Se tata de meterse de nuevo en la vida, mediante el trabajo de destrucción del lenguaje hecho y de la ciudad del sentido común. Las frases de los sonámbulos y su régimen mortífero, de periodismo de hotel o de blog narcisista.

Necesitamos libros que sean otra cosa que libros, Si el mundo es una mera apariencia organizada a la que es preciso atravesar con una lanza, hay que atreverse. Vivimos en el tiempo que Kafka anunció, el momento de mayor riesgo, el momento donde se pasa de la muerte a la vida: esa es, curiosamente la experiencia misma de lo literario. Acabar con lo real banal que no es ya otra cosa que lo real mediatizado en esta sociedad que se ha instalado en su proceso de autodivinización espectacular, el que anunció Debord. En Facebook presumimos lo que no somos para la envidia de los demás. Lacanianos al fin damos lo que no tenemos. En Twitter nos enfrascamos en debates que no lo son porque tememos discutir lo que realmente importa. No hay ideas nuevas.

En Instagram colocamos fotos de nuestras comidas, nuestros gatos. El capitalismo nos distrae con sus aplicaciones y en ese cibergregarismo que cuestionaba al principio de este artículo, nos perdemos.

Pensar la literatura como una experiencia espiritual fundada en el lenguaje, en contra de todas las formas de domesticación. Un nuevo humanismo. Un nuevo periodismo también, donde se vuelva a pensar.

La literatura no puede vivir si no le fijamos límites desmesurados propongo que se convierta en una línea de fuga que todo lo dinamite. Hay que reclasificar la biblioteca.

Tenía razón Tzara, amo una obra antigua por su novedad, no a la Tabula rasa que impone su nueva Tabula de la Ley. No al totalitarismo del mercado ni al nihilismo de escala planetaria.

Leo a Mafessoli, también, y su nuevo libro, La fuerza de lo imaginario, contra los bien pensantes. Eso es lo que hay que hacer hoy, en 2019. Atreverse a pensar contra los bien pensantes. Y discutir, y debatir, y aceptar que no tenemos la razón y entender a los otros, no solo seguirlos en Facebook poniendo cientos de likes cada hora.

¿Es mucho pedir volver a ser humanos?

 

PEDRO ÁNGEL PALOU COLABORADOR

@PEDROPALOU

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