Acostúmbrese, Mr. Trump

El papel de los agentes migratorios cambiará tal y como lo ha clamado la comunidad académica e intelectual

Gardenia Mendoza / Trípoide / Heraldo de México

En medio de una de las crisis migratorias más complejas de los últimos tiempos en Norteamérica con el arribo de 7,000 migrantes indocumentados de un tirón y otros miles que se han ido sumando en caravanas paralelas, el presidente entrante Andrés Manuel López Obrador envió un mensaje muy claro a su vociferante homólogo Donald Trump.

¡México tendrá las puertas abiertas de par en par!

El nombramiento de Tonatiuh Guillén como próximo director del Instituto Nacional de Migración, el pasado 30 de octubre, cumplió con todos los requisitos de los mensajes velados que acostumbran los políticos más colmilludos tanto en tiempo como en lugar y forma: pocos días después del arribo del éxodo a territorio mexicano.

Como académico del Colegio de la Frontera Norte, Guillén ha sido un agudo opositor a las políticas de persecución a indocumentados, crítico de muros fronterizos promotor de la empatía y solidaridad con el flujo migratorio dadas las razones de inseguridad en regiones del Triángulo del Norte y partidario al desarrollo de las regiones de expulsión.

México no puede seguir en la actual inercia que privilegia la contención migratoria, declaró en abril, cuando el Presidente de EU se enfureció por la cuarta caravana que guió Pueblos sin Fronteras, la organización que tomó el acompañamiento del éxodo que ahora se encuentra en la Ciudad de México camino a EU.

De modo que el papel de los agentes migratorios cambiará tal y como lo ha clamado la nutrida comunidad académica e intelectual defensora de los derechos humanos del migrante de la que ha sido parte el futuro director del INM.

López Obrador deberá frenar las detenciones de migrantes desde el primer día de su mandato, solicitó el sacerdote Alejandro Solalinde en entrevista reciente con La Opinión de Los Ángeles. Los 1,100 kilómetros de frontera entre México, Guatemala y Belice será, entonces, meramente un símbolo como hasta ahora ha sido, sin ninguna división física salvo los puntos de internamiento oficiales que abarcan algunos metros y nada más.

El esquema policíaco de redadas en las carreteras o en el ferrocarril de carga donde los migrantes viajan clandestinamente, será cosa del pasado; en cambio, podría haber una especie de visas de tránsito con el objetivo de evitar que los centroamericanos sean víctimas de crímenes como ocurre desde hace años y hasta la fecha.

Sólo hace falta esperar la respuesta del Presidente estadounidense que hasta ahora ha evitado soltar lengua frente a la nueva administración del país vecino, aunque no ha escatimado en ideas para frenar el flujo: desde su malogrado muro fronterizo a cambiar por decreto ejecutivo las reglas de entrada para los solicitantes de asilo.

Ahora los centroamericanos pueden ingresar a Estados Unidos por cualquier punto de la frontera y, una vez dentro, pedir que se acoja su caso; en cambio, si el Presidente consolida su propuesta, sólo se abriría proceso a quienes entren por las garitas formales. Entonces, el lado mexicano sería una olla en ebullición. Otra.

 

*Periodista

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