Absurdas justificaciones del arte

Como si no hubiera demasiada polarización en Israel, una obra generó la semana pasada varios heridos, entre ellos, tres policías, luego de la exhibición de “McJesus” del finlandés Jani Leinonen, en el Museo de Arte de Haifa

Absurdas justificaciones del arte

Se trata de una escultura que exhibe al conocido payaso Ronald McDonald sacrificado en una cruz. Entre otras de las piezas también se encontraban un muñeco Ken con una corona de espinas y una barbie vestida como virgen María.

El estilo artístico de Leinonen se caracteriza por utilizar envolturas, paquetes o cualquier tipo de mercancía de marcas como Kellogg’s, Starbucks, Burger King, entre otras, y con ellas crear piezas de arte.

Según ha dicho Leinonen, su objetivo es cuestionar símbolos de consumo y llevar al espectador a una actitud de rebeldía que invite a cambiar las reglas o, al menos, generar una reflexión respecto a la pobreza y el hambre. Lo hace a través de artículos de uso cotidiano, pues cree que las personas reaccionan más fuerte cuando interactúan con objetos reales.

Me parece que lo cuestionable de su argumento no sólo es su ordinaria imitación al pop art, incluso más allá de ese lugar común, su simplista manera de provocación que esconde una búsqueda necia de fama.

Este acontecimiento me lleva a la pregunta que dio origen a la última edición del Simposio Internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo, que se llevó a cabo la semana pasada en el Museo de Antropología: De qué hablamos cuando hablamos de arte.

A pesar de que ni decenas de expertos en tres días de reflexión pueden atreverse a definir el arte, muchos sí estarían de acuerdo con la fuerte declaración de la investigadora Mariana Botey: El arte es un refugio para inadaptados (…) un asunto de agentes secretos, quienes pueden aventar bombas en sociedades intolerantes y luego justificarse con un argumento conceptual gastado.

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