Abarca y Salgado: los pactos de AMLO

Hay dos ejemplos emblemáticos de cómo el dueño de Morena ha operado en favor de personajes coludidos con el crimen organizado

Abarca y Salgado: los pactos de AMLO

No hace falta hacer mucho análisis para entender lo que quiso decir Andrés Manuel López Obrador con aquello de dar amnistía a narcotraficantes e integrantes del crimen organizado. Ni siquiera es nuevo en su actuar como líder político.

 

Hay dos ejemplos emblemáticos de cómo el dueño de Morena ha operado en favor de personajes coludidos con el crimen organizado y cómo sus seguidores les han dado protección.

 

Uno de ellos es José Luis Abarca, a quien AMLO puso como candidato a alcalde de Iguala, Guerrero, cargo al que llegó en 2012. Dos años después, para ser precisos, el 26 de septiembre de 2014, su policía municipal recibió instrucciones de secuestrar, asesinar y desaparecer a estudiantes de la Normal de Ayotzinapa para que no estropearan un acto de su esposa, María de los Ángeles Pineda.

 

El resultado: 43 jóvenes asesinados, la mayoría aún en calidad de desparecidos y el alcalde de AMLO fugado hasta el 4 de noviembre de ese año, cuando fue capturado junto con su esposa en una vivienda de la delegación Iztapalapa, curiosamente administrada en ese entonces por un morenista de corazón: Jesús Valencia.

 

Se supo, de acuerdo a indagatorias de la PGR, que María de los Ángeles Pineda era la jefa máxima del cártel Guerreros Unidos, y sólo hasta entonces AMLO quiso deslindarse diciendo que me tomo fotos con todo el mundo, pero no conozco a Abarca, cuando en realidad había hasta compartido estrado con él y había ignorado advertencias de Óscar Díaz Bello, diputado local del PRD en Guerrero, sobre los nexos criminales de Abarca.

 

Otro personaje es Rigoberto Salgado, delegado en Tláhuac, a quien se investiga por presuntas ligas con un grupo de narcomenudistas de esa demarcación, liderado por Felipe de Jesús Pérez Luna, alias El Ojos, abatido el pasado 20 de julio.

 

¿Y qué ha hecho AMLO al respecto? Mantener a Salgado y subirlo a su lado en los mítines que tiene en la CDMX.

 

Además, el delegado tiene como abogado a Gabriel Regino, brazo derecho de Marcelo Ebrard cuando éste fue secretario de Seguridad Pública, e integrante de su equipo de transición cuando ganó la Jefatura de Gobierno. Y, se sabe, Ebrard es incondicional de AMLO, y hasta giras en EU le organiza.

 

Dos ejemplos que ilustran que AMLO, de llegar a ser Presidente, no empezará a pactar con el crimen organizado. Porque ya inició, de alguna forma.

 

EN EL VISOR: Sin dudar un segundo, el gobernador aliancista de Durango, José Rosas Aispuro, sostiene que el candidato presidencial del Frente Ciudadano debe ser el líder panista, Ricardo Anaya, y al PRD debería corresponderle poner candidato a la CDMX. Sin embargo, admite que el virtual candidato priista, José Antonio Meade, es mi amigo. Tampoco descarta el voto útil si al final de la contienda los punteros son AMLO y Meade, porque es natural que busquemos que le vaya bien al país.

 

Columna anterior: Con Meade, una nueva clase política

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