A la sombra de la revolución iraní

Fue la invasión israelí de Líbano en 1982 el verdadero catalizador para el surgimiento de Hezbolá

Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México
Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México

Hablando en un mitin el 11 de febrero en Teherán para celebrar el 40 aniversario de la Revolución Islámica, un comandante de la Guardia Revolucionaria dijo que Irán demolerá ciudades enteras en Israel si Estados Unidos ataca a su país. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, respondió que si Irán atacaba Tel Aviv, será el último aniversario de la revolución que celebrarán. La crisis interna por la que atraviesa Irán no le impide conservar a un amigo leal: el Hezbolá libanés, grupo político y militar chií. Su secretario general, Hasan Nasrala, declaró en su discurso conmemorativo de la revolución islámica, que Irán no estará solo en caso de guerra contra Estados Unidos. Una semana antes, dijo estaba listo a ayudar al ejército libanés a convertirlo en el más fuerte de la región, importando de Irán un sistema de defensa antiaérea.

La victoria de la Revolución Islámica en Irán en febrero de 1979 representó un punto de inflexión decisivo y el eje en torno al cual en adelante gravitaron los movimientos chiíes de Líbano y todo Medio Oriente. Sin embargo, fue la invasión israelí de Líbano en 1982 el verdadero catalizador para el surgimiento de Hezbolá. Éste pronto se convirtió en el puente libanés de la alianza estratégica entre Irán y Siria. A partir de la década de 1990, el Hezbolá expandió su participación en el sistema político libanés, sin abandonar la acción militar contra las amenazas y violaciones israelíes a la soberanía libanesa. Y es que el ejército libanés no tiene las capacidades para contener de manera efectiva y sostenida el riesgo de seguridad que enfrentan ante Israel, o ante las consecuencias del conflicto en Siria y en los territorios palestinos. La impotencia se explica porque 1) carece de armas ofensivas que los occidentales no quieren proporcionar, incluso cuando los saudíes están financiando enormes contratos, y ello a fin de preservar la ventaja militar cualitativa de Israel; y 2) porque la naturaleza del sistema político libanés impide la adopción de una estrategia de defensa nacional.

Desde finales de enero, en el gobierno de unidad nacional libanés, el Hezbolá salió reforzado en las urnas como bloque mayoritario, en coalición con el cristiano Movimiento Patriótico Libre, que lidera el presidente Michel Aoun. En el reparto final, Hezbolá suma dos carteras con Salud y Deporte y Juventud, y uno de sus diputados a cargo del Ministerio de Estado para Asuntos Parlamentarios. Por su parte, Aoun se hizo de dos puestos clave, Defensa y Exteriores. Para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el nuevo gobierno libanés era el gobierno de Hezbolá. Estados Unidos, Arabia Saudí, Gran Bretaña y Francia han amenazado anteriormente con paralizar toda ayuda a las Fuerzas Armadas Libanesas mientras el partido milicia chií Hezbolá gobierne. Washington tiene a Hezbolá en la lista de grupos terroristas, mientras que Bruselas hace lo propio con su brazo armado. Estas denuncias se profieren en vano, pues desconocen el dilema existencial de la autocracia iraní y de identidad del Hezbolá, y porque se desentienden del tema palestino y sus extensiones sirio-libanesas, que no hacen más que agudizar la debilidad del Estado libanés.

 

*Investigadora de El Colmex

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