Se acabó la política Montessori

El jalón de orejas a la dupla Fernández Noroña-Muñoz Ledo será sello distintivo en el gobierno de López Obrador

Alfredo González / A fuego lento / Heraldo de México
Alfredo González / A fuego lento / Heraldo de México

Independiente de la división de poderes, el Presidente electo no ha tenido ningún empacho en llamarle la atención a senadores, diputados y gobernadores.

No hay ninguna duda de que tomará todo el control no sólo del gobierno federal, sino que también lo hará con los estados (vía los superdelegados, los congresos locales y las alcaldías) así como con el Congreso de la Unión.

Eso lo sabe y lo dice gente cercana a su equipo de trabajo. No hablan de dientes para afuera. Ya es una realidad.

Todas las decisiones de cara al cambio de gobierno pasan por su escritorio. Y además, él mismo se ha encargado de darlas a conocer en apariciones públicas y medios de comunicación. Es el protagonista de la historia.

Nombramientos, alianzas legislativas y políticas, acuerdos con sectores y hasta temas que competen al actual gobierno, como la renegociación del TLCAN, tienen su visto bueno. Pero esa verticalidad en la forma de ejercer el poder no es nueva. Desde el 2011, año en el que fundó Morena, nadie movía un dedo sin su autorización. Y ahora, después de su triunfo del 1 de julio, menos.

Dentro y fuera de Morena reconocen a López Obrador como uno de los políticos más hábiles de los últimos tiempos.

Por ejemplo, la designación anticipada de su gabinete fue para evitar patadas por debajo de la mesa entre sus más cercanos, lo mismo que en la designación de los coordinadores parlamentarios y los delegados especiales que enviará a los estados.

Los escucha, se involucra en todo, pero ya les leyó la cartilla. Les ha dicho que el gabinete no es para hacer negocios.

También les pide mucha disciplina con los compromisos que él ha suscrito. Marca los tiempos, la agenda y los discursos. Y no hay un segundo al bate, como tampoco hay ni habrá una libertad al 100% en la toma de decisiones.

En pocas palabras, nadie podrá hacer lo que se le venga en gana como ocurrió con funcionarios y grupos de actual gobierno. Eso les ha hecho saber.

Se acabó la política Montessori, me dijo un integrante del grupo cercano al Presidente electo.

Frases como no vayan a salir con sus tonterías, pórtense bien y no se equivoquen las ha dicho a senadores, diputados y futuros funcionarios.

 

 

Una de las primeras pruebas que puso a los integrantes de su gabinete fue rechazar los 150 millones pesos que destinó Hacienda para los trabajos de transición.

Todos los gastos de secretarios de estado y sus equipos de trabajo corren por cuenta propia.

Los que tienen despacho u oficinas las usan para trabajar y recibir gente, pero hay asesores y subalternos que trabajan en cafés, sus propias casas u oficinas prestadas.

Han evitado instalarse en oficinas del gobierno actual para no tener roces, pero sobre todo para no ser espiados.

 

Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra.

 

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