¿Con el miedo basta?

Actitudes indecorosas asumen protagonistas de la vida política por temor y por quedar bien con Andrés Manuel López Obrador, hoy virtual presidente electo

¿Con el miedo basta?

Gracias al PES, su antiguo aliado, Andrés Manuel no ha recibido la constancia como presidente electo, pero por todo lo que ha pasado después de la elección, no la necesita.

Lo que declara y dice, en la mañana, tarde o noche, se ha convertido en ley.

Secretarios de Estado, gobernadores, legisladores, dirigentes partidistas y sindicales, y hasta empresarios lo escuchan y actúan como si el tabasqueño ya estuviera en funciones.

Para los ojos del mundo, eso tiene su lado positivo porque ha permitido una transición ordenada. Los mercados, el peso, la macro y la microeconomía no lo han resentido. Todo se mantiene en los márgenes de la normalidad.

Sin embargo, seguir la voz de un solo personaje, como un roedor al flautista de Hamelín, tiene sus riesgos.

En algunos estados y secretarías del gobierno federal, de manera oficiosa, sin que nadie se los haya pedido, han frenado importantes inversiones y proyectos. De manera individual, servidores públicos y políticos de todos los niveles han llegado al extremo de querer actuar como políticos austeros, viajando en vuelos comerciales a giras nacionales e internacionales. Hasta dónde habrá llegado el grado de la ridiculez republicana, que a un gobernador del PRI se le vio llegar en taxi a la reunión de la Conago con Andrés.

Lo que nos dice esto es que nadie quiere incomodar, por temor, al próximo presidente que, con una sola declaración, hace temblar a poderosos políticos y caciques de todos los niveles.

El mejor ejemplo lo pusieron los dirigentes del PRD, Manuel Granados, y de MC, Dante Delgado, quienes le rindieron pleitesía públicamente, y pusieron a su servicio los pocos votos que tendrán en el Congreso.

Lo hicieron sin que nadie se los pidiera, a pesar de las críticas que le endilgaron durante la campaña.

Nada de malo tiene buscar acuerdos políticos y coincidencias, pero como lo escribió Juan-José López Burniol en el periódico La Vanguardia, de España, el decoro es sobrio, sacrificado y modesto, pero exige coraje, aguante y capacidad de sacrificio. No espera reconocimiento, aplauso ni premio.

Al decoro, añade este afamado notario español, le basta con la satisfacción íntima de ser uno mismo por no haber doblado la cerviz ante la forma más sutil de totalitarismo, que es la que se disfra-za y oculta bajo la apariencia de una amplia corriente social, más fundada en el sentimiento que en la razón, y que exige, de hecho, para incorporarse a ella, una adhesión entusiasta, incondicional y acrítica a sus objetivos, métodos y liderazgo. Más claro ni el agua. La sumisión que hemos visto se ha dado de una manera muy peculiar en los gobiernos estatales. Sin que nadie se los pidiera, también recortaron gastos y personal. No son estados que están por cambiar gobernador, sino administraciones a las que todavía les quedan varios años de gestión, lo mismo del PRI que del PAN. El simple anuncio de AMLO de designar a 32 súper delegados, por ejemplo, los puso a temblar, porque esa nueva figura tendrá bajo su control el manejo de 155 mil millones de pesos para programas estatales.

La idea de que sea un solo delegado por entidad, en vez de decenas, es para erradicar los actos de corrupción, según declaró López Obrador.

Así, en este tema como en otros tantos, la simple declaración de la intención, ha movido más gente que muchas acciones del gobierno en turno, por lo que cada vez crece más la creencia de que con el miedo basta. Y sólo queda flotando en el aire una pregunta: ¿de dónde saldrán los contrapesos, si todo mundo está muerto de miedo?

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: La mayoría de las personas tienen miedo a la muerte porque no han hecho nada de su vida.

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