¿A cómo el cachito de justicia?

El caso de Fátima no es un número más en la estadística, será un punto de quiebre que dejará marca indeleble

Enrique Rodríguez / Liberta bajo palabra / El Heraldo de México

La expresión que da título a este artículo fue tomada de una pancarta colocada en la fachada de Palacio Nacional, tras una manifestación que expresó el legítimo hartazgo respecto a la violencia que nos carcome en la Ciudad de México. El bestial ataque contra Fátima ha estremecido las fibras anímicas y generado todavía más presión a la crisis incontrolable sobre la violencia de género. A pesar del contexto, lamentablemente seguimos escuchando las mismas respuestas huecas de nuestras autoridades para intentar salir al paso de una realidad escalofriante.

El caso de Fátima no es un número más en la estadística, será un punto de quiebre que dejará marca indeleble en la descomposición social que experimentamos.

A partir de ahora, ninguna de las acostumbradas respuestas de gobernantes, legisladores y políticos serán convencionalmente aceptadas para justificar con el pretexto más estúpido que podamos escuchar, un problema de estas dimensiones. Reacciones tardías, lugares comunes, evasiones de la realidad y para colmo, los diputados federales hacen lo de siempre al aumentar las penas al feminicidio para darle entre 45 y 65 años de cárcel a quien cometa este delito. ¡No entienden! de nada serviría incluso, darles cadena perpetua porque nuestro inoperante sistema de procuración de justicia genera una impunidad de 99%. Nuevamente la demagogia legislativa es rebasada por los golpes de realidad, los delincuentes se regodean en el cinísmo de calcular que es microscópica la posibilidad de enfrentar un castigo ejemplar.

Según un estudio de México Evalúa publicado hace un mes, entre julio y diciembre de 2019, 99.7% de los casos de violencia sexual (acoso sexual, hostigamiento sexual, abuso sexual, intento de violación y violación) que sufrieron mujeres mayores de 18 años no fueron denunciados, es decir tenemos una cifra negra prácticamente de 100%. La misma medición nos indica que más de 6 millones de mujeres fueron víctimas de alguno de estos delitos durante el segundo semestre del año anterior, estos datos tienen sustento en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública (ENSU) con información recabada por el Inegi.

No hay narrativa que mitigue la frialdad de estos números. Nada tienen que ver el neoliberalismo, la tecnocracia, los conservadores o los adversarios de cualquier naturaleza. ¿Cuánto nos va a costar un cachito de justicia en este macabro sorteo dominado por la incapacidad?

EDICTOS

Se notó hace unos días que el punto que más interesa al presidente López Obrador sobre las iniciativas de reforma al Poder Judicial de la Federación, es la renovación e impulso al Instituto Federal de Defensoría Pública, que probablemente cambie de nombre para popularizar su imagen. Desde el inicio de su administración, el ministro Arturo Zaldívar colocó en esa posición a Netzaí Sandoval Ballesteros, un funcionario con el sello ideológico de la 4T y hermano de la secretaria de la Función Pública. Hasta el domingo.

POR ENRIQUE RODRÍGUEZ
ENROMA27@GMAIL.COM
@JENROMA27

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