A 30 años

Hace 30 años se firmó el acuerdo para finalizar la guerra en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, que llevaría a una paz que tardó varios años en arribar.


A unos días de la conmemoración de la iniciativa de un Plan de Paz para Centroamérica impulsada por Costa Rica hace treinta años, se recibe la buena noticia de que Centroamérica puede esperar un crecimiento de más del dos por ciento en el próximo año.

Esa información, que resulta del anuncio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL-ONU) cambia la percepción de que en América Latina el terreno de la incertidumbre no es un rasgo general por lo que se refiere a la prospectiva regional.

Hace 30 años, la iniciativa costarricense propuso una iniciativa para dar fin a los conflictos que aquejaban a varios países y a la región en su conjunto. El 7 de agosto de 1987, los cinco Jefes de Estado centroamericanos firmaron el documento por el que se acordaba finalizar la guerra en Nicaragua, El Salvador y Guatemala para llegar a una paz que todavía tardó varios años en arribar.

Antes, otros países de América Latina y Europa habían expresado su apoyo al establecimiento de rutas para el diálogo y la negociación política para una paz duradera, práctica que ha resultado ampliamente reconocida por sus resultados.
Ese había sido el sentido de los pronunciamientos en el marco de la Organización de Estados Americanos, la Organización de las Naciones Unidas, la declaración franco-mexicana para El Salvador de 1981 y la del Grupo Contadora de 1983, que contó con el impulso de los gobiernos de Panamá, Colombia, Venezuela y México, respaldados por los de Perú, Brasil, Argentina y Uruguay.

Ahora, la búsqueda de los países centroamericanos está sentada en el esfuerzo interno y la cooperación. La evidencia sugiere que la convivencia política aunada a las estrategias de coordinación regional está dando resultados positivos, a pesar de la complejidad del entorno más amplio. Eso coincide con el reporte de que en algunos países amaina la violencia, que no deja de ser un fenómeno por contrarrestar en todo el continente americano, junto con el de la desigualdad.

A la par de esas notas, se señala la importancia de encontrar los medios políticos para resolver las demandas de ingreso que permitan mejorar los balances presupuestales a lo largo y ancho de la región. Los niveles de deuda en la zona pueden alcanzar el 40 % del Producto Interno Bruto (PIB), como ocurre en Panamá.
El déficit fiscal crónico afecta particularmente a El Salvador y Costa Rica, por lo que analistas como Jonathan Menkos, director del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFFI) observan que es importante que los países dediquen mayor atención al incremento de los ingresos y cambios en los sistemas tributarios, combinando la atención con la de los problemas de bienestar social y gobernabilidad democrática.

Al recordar estas experiencias de concertación, se confirma que la vía política y del diálogo son las únicas vías que tarde o temprano resultan en panoramas de desarrollo y crecimiento al interior de cada país ante panoramas inciertos, siempre y cuando no se dejen de poner en práctica.

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