Las razones del estancamiento

Resulta paradójico que no pareciera haber conciencia de cómo supuestos logros políticos de corto plazo afectan la confianza de inversionistas

Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México

En sentido contrario a la ratificación y firma del T-MEC, que fue una buena noticia inesperada, y al igual que la consumación del Brexit y la inminente absolución de Trump, antier se confirmó otra mala noticia que ya se esperaba: la economía mexicana decreció (-0.1%) en 2019, por primera vez desde el crack financiero internacional de 2009.

De inmediato se han reproducido un sinfín de explicaciones de este resultado decepcionante, en particular en un entorno global de crecimiento. Un factor ineludible en todos ellos es la caída progresiva de la inversión pública y privada a partir del cuarto trimestre de 2018.

Más que el debate de qué factores han incidido en ello, me interesan las conclusiones a las que se llegue, especialmente por parte del Presidente, de por qué dejamos de crecer tan abruptamente durante el año pasado (en 2018 la tasa de crecimiento fue de 2.1%). De ello depende la estrategia del gobierno frente a la recesión. Daría la impresión, de hecho, que el propio Presidente no se explica del todo lo que ocurre: el pasado miércoles, al anunciar por Twitter la conformación de un Gabinete de Crecimiento Económico encabezado por Alfonso Romo, López Obrador lo hizo casi con un reclamo: … Hay condiciones favorables: finanzas sanas, peso fuerte, baja inflación, inversión extranjera, T-MEC y lo más importante, honestidad, paz y gobernabilidad. Algo así como: ya lo tienen todo, y además, coordinaremos mejor nuestra chamba, a ver a qué hora se ponen a invertir.

Ignoro si existe un consenso real al respecto al interior del gobierno, que ayer hizo un primer balance público de las causas en voz de la secretaria de Economía, Graciela Márquez. Para ella, la contracción de 2019 se debió básicamente a la incertidumbre por la ratificación del T-MEC, y al freno en inversión pública por el arranque del sexenio, esto último resultado de la falta de flexibilidad en el gasto que genera un alto endeudamiento. Lo que resulta paradójico es que no pareciera haber consciencia de cómo supuestos logros políticos de corto plazo del gobierno pudieran seguir afectando profundamente la confianza de los inversionistas —del aeropuerto de Texcoco o la Reforma Energética mejor ni hablamos—. El martes, la mañanera se dedicó a explicar detalles de la rifa del avión presidencial, incluido el flamante diseño del boleto. Muchos laudaron o lamentaron el nuevo logro de comunicación política del Presidente: se habla de la rifa, a favor o en contra, pero se deja de hablar del doloroso desabasto de medicinas y de la confrontación con las víctimas del delito del domingo pasado.

¿Pero no se subraya también una falta de enfoque gubernamental en los problemas más importantes?, ¿no será que al distraer a la gente de un error de política pública previo en lugar de corregirlo, se profundiza la desconfianza de quienes quisieran ver a un gobierno ágil en sus reflejos y con buena capacidad de reacción?, ¿no será que la enorme capacidad del gobierno para moldear la agenda pública le impide concentrarse en los problemas que la realidad le impone? Si fuera el caso, sería una muestra de cómo ciertos talentos acaban por pesarle a un liderazgo al que le urge enfrentar sus propias carencias.

POR ALEJANDRO POIRÉ

*DECANO ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY

@ALEJANDROPOIRE

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