90 años y un laberinto

El Partido Revolucionario Institucional cumple 90 años en marzo y la edad parece pesarle; las circunstancias son complejas

Javier_García_Bejos
Javier García Bejos / El Heraldo de México

A los 90, caminar cuesta trabajo y entender el entorno, ciertamente, es más difícil. Los sentidos a ratos están en pausa y recordar el pasado lejano es más fácil que proyectar el mañana inmediato. Así, el Partido Revolucionario Institucional cumple 90 años en marzo y la edad parece pesarle; las circunstancias no podrían ser más complejas, ya que convertirse en minoría desprovista de narrativa lo han arrojado a un escenario lleno de sombras y con pocas luces al final del camino.

Si bien el PRI es un instituto político que ha sido pragmático para ajustarse a los tiempos, los días en los que el partido todavía se anotaba aciertos que libraron a México de episodios difíciles, parecen muy lejanos. En sus filas, solamente los políticos más experimentados caminaron por su laberinto con éxito, en donde reglas y valores no escritos daban cohesión, desde la cúpula hasta los seccionales. Con su frecuente reinvención, el PRI forma parte de la historia política de México, pero francamente, hoy no sabemos de su futuro.

Lamentablemente, en la calle, los aciertos son hoy cenizas y los errores cometidos se han magnificado, con militantes que buscan referentes y explicaciones que no parecen embonarse a la nueva realidad. En el laberinto del PRI actual, las salidas no son evidentes; la buscada renovación debió basarse en una reflexión que, más allá de renovar comités o validar un nuevo espíritu democrático en el interior, devolviera congruencia, empezando por lo más elemental: los partidos, como cualquier ente de la sociedad, son conformados por personas y éstas deben tener la capacidad y estatura para reclamar valores que ella reclama como nunca antes.

A los 90 años, el estar vivos debería ser motivo de celebración, pero en este caso, la edad exhibe una realidad difícil de asumir; la vejez requiere de reinvención, dignidad y una gran dosis de querer vivir y seguir caminando. Para ello, deben existir causas, convicciones y argumentos que justifiquen la vigencia del proyecto, y eso sólo se consigue cambiando paradigmas, con la disposición para sacrificar el statu quo y regresar al encuentro con el ciudadano. Sosteniendo banderas que simbolicen aspiraciones comunes y abandonando por siempre los intereses de grupo, se puede volver a construir ideología, narrativa, mística, rumbo y emoción, para al final, formar esa oposición tan necesaria para cualquier país.

Para salir del laberinto, se necesita abrir todas las puertas y ventanas, escuchar todas las voces y redefinir el rumbo con conciencia, claridad y sin matices. Los partidos políticos son cuando representan a los ciudadanos y sus causas, pero dejan de serlo cuando se convierten en agencias de gestión política. Por eso, el PRI podría volver a ser cuando salga de su laberinto, cuando reconozca que en cada circunstancia solamente las causas y los principios construyen de nuevo y que México, hoy más que nunca, requiere de voces, alternativas y senderos para forjar el futuro. Los cumpleaños siempre son oportunidades para reflexionar, y el PRI debe hacerlo con urgencia.

 

Colaborador

@jgarciabejos

 

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