4T: la ineficiencia también es corrupción

La ineficacia de un gobierno puede llegar a ser tan dañina como el robo y dispendio

Verónica Malo Guzmán
Verónica Malo Guzmán/ El Heraldo de México / Columna Tres en raya

En días recientes se ha dado a conocer (incluyendo por quien suscribe este artículo) lo que al parecer será pronto un hecho consumado: por lo que a diversas transacciones de Pemex se refiere, se llamará a cuentas al expresidente Peña Nieto y a varios miembros del que fuera su equipo cercano. Los casos Odebrecht, Agronitrogenados y la compraventa de Fertinal son algunos casos, pero existen más. Hay suficiente información que ha sido proporcionada a la Unidad de Inteligencia Financiera para proceder contra ex servidores.

Mi apreciación es que tales actos de corrupción, de comprobarse, se deben combatir con todos los recursos legales y esquemas democrático-institucionales establecidos. Éstos, en términos coloquiales, son básicamente dos: 1) la voz libre y secreta de las urnas, la cual en 2018 claramente decidió en contra del PRI. 2) Los mecanismos normativos con los que cuenta el gobierno en turno para enjuiciar a servidores públicos que hayan delinquido.

Las operaciones antes mencionadas, ligadas a las actividades de Pemex, siguen el esquema con el que solemos pensar sobre la corrupción gubernamental: robo al erario, negociaciones de las cuales las autoridades sacan partida, moches, compra y venta de empresas, etc. No obstante, se pasa de largo —a veces, convenientemente reforzado por la 4T— que la incompetencia en la gestión y la toma de decisiones a modo son también formas brutales de corrupción. La ineficacia de un gobierno puede llegar a ser tan dañina como el robo y dispendio de administraciones.

Un ejemplo: la cancelación del Metrobús en la Comarca Lagunera, lo cual deja sin transporte a toda una comunidad. Y mejor no hablar del desabasto de medicinas o del desmantelamiento del sistema democrático-electoral (organización de comicios) que ya se avisa.

Si se sumaran los costos de malas decisiones, de obras suspendidas o canceladas, de inversiones ahuyentadas por falta de confianza, de compras mal ejecutadas, de centralizar el poder o monopolizar industrias, tendríamos un desfalco a la nación que supera por mucho, no sólo al de la época neoliberal, a la que se refiere en repetidas ocasiones, para criticarla, el primer mandatario, sino también a lo ocurrido durante el Porfirismo, el Maximato, la Conquista, todo junto.

Así también, si diéramos por válidas las palabras del Presidente pronunciadas ayer al respecto de que operaciones (tipo Fertinal) no pueden pasar desapercibidas para un primer mandatario, pues entonces que él mismo vaya preparándose para ser llamado a cuentas por dejar pasar decisiones (ya no se diga ordenarlas) ineficientes de parte de la gestión gubernamental que él encabeza.

Hemos escuchado al Ejecutivo federal repetir hasta la saciedad su compromiso de combatir la corrupción, sin embargo en la definición de ésta no incluye la que se asocia a la ineficiencia y desaseo de su gestión. Si lo hiciera, ya con lo que va de su gobierno, competiría con cualquier pérdida social, política y económica acaecida en la historia moderna del país. Hay tiempo y muchas opciones para enmendar, ojalá lo haga.

Por Verónica Malo Guzmán

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