Rodolfo Lara Ponte: El derecho a la paz

Existe hoy una literatura amplia sobre la paz como derecho humano, en la cual se afirma un concepto positivo y amplio, que trasciende la acepción originaria como una condición de ausencia de guerra u otra forma de violencia

Rodolfo Lara Ponte: El derecho a la paz

El concepto de la paz como valor de civilización ha tenido un desarrollo suficiente en el plano internacional para ser considerado como logro y salvaguarda de la propia humanidad. No obstante, la paz como derecho humano está inmersa hoy aún en un proceso de desdoblamiento jurídico, especialmente en la esfera de la vida interna de los estados de la comunidad mundial.

Existe hoy una literatura amplia sobre la paz como derecho humano, en la cual se afirma un concepto positivo y amplio, que trasciende la acepción originaria como una condición de ausencia de guerra u otra forma de violencia.

Como es sabido, el propio Cicerón es quien aporta hace más de dos mil años una joya en este tema, con su definición de paz como un estado de libertad en tranquilidad. Muchos siglos después vendrán términos asociados al contractualismo, en los que se comprende la vida pacífica por su contraposición a las situaciones de conflicto.

Como es sabido, a partir de las consecuencias de las dos guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX, se va conformando una profunda reflexión sobre el imperativo humano de preservar la paz. Finalmente, en el año 1948, se prefigura a la paz como aspiración y derecho de los pueblos y los individuos, siendo uno de los componentes centrales sobre los cuales se erige el sistema de las Naciones Unidas.

El apunte de Federico Mayor, cuando fungió como director general de la UNESCO, que refiere a la paz duradera como premisa y requisito para el ejercicio de todos los derechos y los deberes humanos, condensa de manera precisa el desdoblamiento que ha tenido la formulación de este derecho fundamental. De esta manera, la evolución de la noción de la paz se ubica dentro de la clasificación de tercera generación de derechos, surgidos en la compleja dinámica internacional, y relativos a los intereses colectivos, a la conciencia global y a la solidaridad sin fronteras, donde también están inscritos los derechos a la determinación de los pueblos, al patrimonio histórico y cultural de la humanidad, al medio ambiente sano, a la preservación de las diversas culturas y las minorías, entre otros.

Así, la idea de la paz ha transitado del plano de los conflictos para situarse en nuestros días dentro de un nivel de interdependencia con el conjunto de los derechos humanos y el desarrollo en todas sus vertientes, como requerimiento imprescindible para el bienestar de los seres humanos. En esta lógica, se señala que la paz está vinculada al derecho humano fundamental a la vida y que, por tanto, es el prerrequisito para la existencia de un orden social en el que todos los demás derechos puedan ser válidos. Más allá de disquisiciones conceptuales, la paz como un derecho tácito ha encontrado un valioso referente en las convenciones internacionales, que desde la Declaración Universal de 1948 y diversas convenciones, aprobadas en el seno de las Naciones Unidas, han ido fortaleciendo su calidad de derecho fundamental que debe seguir permeando progresivamente en todos los entornos y latitudes.

Por todo ello es posible afirmar que la paz como derecho humano es un concepto fundamental para la convivencia colectiva y para la edificación de sociedades que al priorizar la vida y la dignidad de la persona, están en posibilidad de actuar afirmativamente por los derechos de quienes la integran. Únicamente las sociedades que viven y garantizan la paz están en la ruta de velar por todos los derechos humanos.

 

Por Rodolfo Lara Ponte

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