POLÍTICA Y DIPLOMACIA SOSTENIBLE

Orión Hernández Radouk

Orión fue secuestrado y asesinado por Hamas, junto a su novia germana-israelí, Lani Shanouk, en el ataque terrorista contra la población civil israelí ocurrido aquel día

OPINIÓN

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Miguel Ruiz Cabañas / Política y Diplomacia Sostenible / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

Orión Hernández Radouk fue un joven de 31 años de padre mexicano y madre francesa. Cuentan sus familiares y amigos que era una persona con cualidades extraordinarias para hacer amigos, incluso en situaciones complicadas. Le gustaba la música electrónica, viajar, conocer el mundo. De hecho, el pasado 7 de octubre se encontraba en Israel, en un área cercana a la franja de Gaza, para asistir a un “Concierto por la Paz”. 

Orión fue secuestrado y asesinado por Hamas, junto a su novia germana-israelí, Lani Shanouk, en el ataque terrorista contra la población civil israelí ocurrido aquel día. Durante meses, sus familiares y amigos, así como los gobiernos de México y Francia, mantuvieron la esperanza de que sería liberado por sus captores. Pero el jueves pasado el Ejército israelí informó a los gobiernos mencionados que había encontrado su cuerpo entre los escombros en Rafah. Orión se añade así a los cientos de miles de víctimas inocentes del conflicto que enfrenta a palestinos e israelíes desde 1948. 

Al parecer, fue asesinado el mismo 7 de octubre, o pocos días después. Tristemente, no corrió con la misma suerte de la otra mexicana secuestrada por Hamás, Ilana Gritzewsky, quien fue liberada por sus captores el 30 de noviembre del año pasado.

Ese conflicto ocurre a miles de kilómetros de nuestro propio territorio, pero lo sentimos como un enfrentamiento cercano. Nos duele como humanidad, pero también porque en México tenemos la suerte de contar con grandes comunidades árabes y judías. Es un conflicto cuya solución ha escapado a las mentes más brillantes de la diplomacia internacional durante casi ocho décadas, que se ha deteriorado gravemente en los últimos ocho meses, y amenaza con desatar una guerra que podría arrastrar a todo el Medio Oriente.

El Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), el abogado británico nacido en Edimburgo, Karim Ahmad Khan, ha girado órdenes de aprehensión contra los principales dirigentes de Hamás y las cabezas del actual gobierno israelí, acusándolos de “crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad”, lo que ha causado consternación en el gobierno estadounidense, y han sido inmediatamente rechazadas por el gobierno israelí, que no reconoce la jurisdicción de la CPI.

Por su parte, el viernes pasado la Corte Internacional de Justicia ordenó a Israel detener su última ofensiva en Rafah, que nuevamente está causando enormes estragos en la población civil palestina. Hasta el momento, la orden ha sido desoída. Israel persiste en su ofensiva con la determinación de eliminar a todos los militantes de Hamás, sin advertir que sus acciones solamente tienden a alargar el conflicto por muchos años más.  

¿Por qué es tan difícil detener este conflicto? ¿Por qué es tan encarnizada la lucha? Porque dos pueblos reclaman como suyo el mismo territorio, un área geográfica de menos de 50 mil kilómetros cuadrados entre el Mediterráneo y el río Jordán. Un territorio semiárido, sin grandes recursos naturales, pero que ambos consideran suyo. 

El historiador y filósofo israelí, Yuval Noah Harari, quien vive en Jerusalén, considera que, para dimensionar adecuadamente este conflicto, hay que entender que ambos pueblos están aterrorizados: los dos tienen la certeza de que lo que realmente busca su adversario es su exterminación, su desaparición física del mapa. La tragedia, según Harari, es que ambos tienen buenas razones para abrigar ese temor. Solamente cuando ambas partes acepten con sinceridad el derecho a existir de la otra, habrá una paz duradera.

Frente a ese panorama, la única forma de avanzar hacia una solución viable es la creación de dos estados, uno israelí y otro palestino, con fronteras reconocidas y garantías internacionales para salvaguardar su seguridad. La mejor manera de alentar esa ruta es poner a las dos partes en pie de igualdad, jurídica y política, abriendo a Palestina un espacio como estado miembro en la Asamblea General de las Naciones Unidas, y en todos los organismos especializados del sistema. 

¿Qué debería hacer México? Hablar con el lenguaje de la paz. Defender los principios básicos del derecho internacional, incluyendo la autodeterminación de los pueblos, la igualdad jurídica de los estados y la solución pacífica de controversias. Debe rechazar el terrorismo de Hamás contra la población civil israelí, y los ataques del actual gobierno israelí contra la población civil palestina. 

México debería sumarse a los países europeos, asiáticos y latinoamericanos (entre otros Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana, Venezuela y Uruguay), que ya han reconocido a Palestina como estado. Pero ese reconocimiento debe subrayar su apoyo a la Autoridad Nacional Palestina, que gobierna en los territorios ocupados por Cisjordania, tiene la representación internacional de Palestina, y no tiene relación con Hamás.

POR MIGUEL RUIZ CABAÑAS IZQUIERDO

DIPLOMÁTICO DE CARRERA Y PROFESOR EN EL TEC DE MONTERREY
@miguelrcabanas

miguel.ruizcabanas@tec.mx

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