POLÍTICA PARA A’MAR

El “pueblo” que la oposición necesita

Ser un competidor serio es más que señalar al otro. Requiere construir un “pueblo” capaz de hacerle frente al oficialismo

OPINIÓN

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Marlene Mizrahi / Columna invitada / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: El Heraldo de México

Ser un verdadero adversario para el grupo que está en el poder precisa de varias aristas. Una de las más importantes es la discursiva.

Considerar el discurso implica mucho más que analizar qué se dice y cómo se dice, preferiblemente debe responder a la pregunta: ¿con qué personas conecta?

Gracias al Presidente –y a la teoría– ese grupo con el que se logra un vínculo se conoce como “pueblo”.

El pueblo está formado por votantes, simpatizantes y colaboradores. La identificación con éste genera un sentido de pertenencia y ese “nosotros”. 

A pesar de lo complejo de esta tarea, el oficialismo ha logrado con gran éxito construir su propio pueblo.

Dado que la lucha política es el enfrentamiento del “nosotros” contra “ellos”, si la oposición quiere ser un competidor serio, necesita de un pueblo característico.

Uno que surja de la reproducción en espejo de pueblo del oficialismo que, como bien diría Lacan, resultaría en un reflejo siempre invertido.

Este proceso consta de varios pasos. Inicialmente, hay que definir las demandas sociales que se van a defender y vincularlas.

Lo primero ya se ha hecho, pues en el centro de la discusión pública se encuentran los principales problemas que aquejan a la sociedad mexicana y preocupan a todo ser humano, como son: seguridad, salud, economía, etc.

Estos conforman las demandas sociales. Toca ahora establecer una relación entre ellas.

Englobarlas permitirá describir una propuesta de cómo se debe organizar la sociedad y, con ello, crear una oferta política. La pregunta obvia pasa a ser: ¿cómo articularlas?

Para ello, se necesitan tres cuestiones principales:

1. Construir una frontera política.

2. Usar la historia a su favor.

3. Forjar un buen líder.

Respecto a la primera, nos encontramos con una ventaja, pues el pueblo de Andrés Manuel se reconoce precisamente como aquello que está más allá de la frontera de la nueva identidad política. Esta delimitación permite determinar cuál será el objetivo de esas demandas específicas.

En segundo lugar, está la referencia a un sistema temporal. Toda identidad política da sentido a sus acciones presentes a partir de la interpretación que hace del pasado y la proyección del futuro deseado. Esto significa que el pasado siempre está abierto a una reconstrucción en función de un presente y un porvenir. Concentrarse en las fallas organizativas del orden planteado por AMLO le da facultad de proponer.

Finalmente, es importante contar con un personaje capaz de rearticular la historia. Esto es: forjar un líder apto para encarnar esta lucha. 

Claro que la formación de una identidad política toma tiempo. Con todo, si queremos cambiar nuestro orden social, necesitamos de un pueblo nuevo capaz de representar valores universales.

Definitivamente, la verdadera lucha democrática no es entre candidatos, es entre pueblos.

POR MARLENE MIZRAHI
COLABORADORA
TWITTER: @MARLENEMIZRAHI

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