COLUMNA INVITADA

La cuestión migratoria: una responsabilidad compartida

La tragedia de San Antonio, Texas, en la que perdieron la vida 53 migrantes, es una llamada de atención a países expulsores

OPINIÓN

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Gina Andrea Cruz Blackledge / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

La tragedia de San Antonio, Texas, en la que perdieron la vida 53 migrantes, es una llamada de atención a países expulsores, de tránsito y receptores, de que el logro de una migración ordenada, segura y regular es una responsabilidad compartida, y no como pretende López Obrador, un asunto doméstico de los Estados Unidos.

El hallazgo del camión nos debe alertar acerca de la complejidad del fenómeno migratorio, y sobre la urgencia de desarrollar políticas en las que prevalezcan la cooperación internacional, el intercambio de información, la inversión en infraestructura fronteriza y el despliegue de políticas públicas que garanticen el respeto a la dignidad de las personas que migran.

El hecho de que la mayor parte de las personas fallecidas hayan sido de varios municipios de México debería ser motivo de alarma, por una doble razón: en primer lugar, la falta de apoyos a las familias y a las empresas, a raíz de la pandemia, ha causado una crítica situación que obliga a migrar, revirtiéndose la tendencia de migración negativa hacia los Estados Unidos; en segundo lugar, el incremento de la tarifa de los “polleros” se ha convertido en un negocio muy rentable, con millones de dólares de ganancias diarias, ante el cual debe actuar, con energía, el Estado mexicano; no es posible administrar delincuencia, al contrario, se le debe hacer frente con la fuerza de las instituciones.

Si bien el tráiler fue encontrado en Texas, su paso por el territorio mexicano se dio sin que fuera detectado por las autoridades. Ante estas tragedias es indispensable no sólo capturar a los operarios inmediatos, como conductores de tráileres, sino llegar hasta las últimas consecuencias, desarticulando redes de corrupción que pueden involucrar a autoridades y a miembros de la delincuencia organizada.

Nuestro país debe realizar esfuerzos importantes para cambiar, de manera inmediata, sus políticas migratorias y de seguridad. Nuestra Ley de Migración manda el respeto irrestricto a los derechos humanos de las personas que migran. Tanto el despliegue de la Guardia Nacional, como la criminalización de migrantes van en contra de este mandato. Si bien las leyes migratorias de Estados Unidos son rígidas y es poco probable que se dé una reforma migratoria integral, nuestro país debe hacer valer los mandatos legales, garantizando un trato respetuoso y digno a cada persona que migra, y defendiendo, a cada momento, su vida y su integridad física.

Si nosotros hacemos nuestra parte, y otros países expulsores y receptores hacen la suya, será posible evitar que se den más tragedias, como la acontecida en San Antonio. La muerte de un ser humano no se puede ni debe minimizar, es un asunto grave y mayor ante el que los Estados tiene una gran responsabilidad.  

POR GINA CRUZ

PRESIDENTA DE LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES EN EL SENADO DE LA REPÚBLICA

@GINACRUZBC

MAAZ

 

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