COLUMNA INVITADA

El cambio climático y la CDMX

La amenaza es muy grave. De seguir esta tendencia, en los próximos 20 años podríamos alcanzar las 216 millones de personas desplazadas a causa de este fenómeno, de acuerdo con proyecciones del Banco Mundial

OPINIÓN

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Leonor Gómez Otegui / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México Créditos: Especial

El cambio climático es uno de los retos más grandes que hoy tiene la humanidad. Y es que la velocidad con la que está cambiando el clima es mayor a la que muchos especialistas pronosticaban. De hecho, diversos estudios, entre ellos del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) señalan que en la actualidad existen más desplazados a causa del cambio climático, que por conflictos bélicos. 

La amenaza es muy grave. De seguir esta tendencia, en los próximos 20 años podríamos alcanzar los 216 millones de personas desplazadas a causa de este fenómeno, de acuerdo con proyecciones del Banco Mundial. 

En este contexto, las grandes ciudades como la Ciudad de México tienen un papel determinante, pues son éstas las que producen más del setenta por ciento de los gases de efecto invernadero y al mismo tiempo son las que mayores cantidades de hidrocarburos y fuentes de energía demandan. Sin embargo, el aspecto más preocupante es que, por ser lugares de alta concentración poblacional, son lugares de altísimo riesgo en cuanto a los efectos devastadores que acompañan al cambio climático. 

Gracias a la Comisión Ambiental de la Megalópolis, que integra especialistas de instituciones académicas como la UNAM, la UAM y el IPN, además por supuesto de distintas autoridades de gobierno; sabemos ahora que existe una relación directa entre el aumento de contingencias ambientales en la capital del país y el cambio climático. Y es que la “alta presión atmosférica”, derivada del aumento de las temperaturas, impide que se disipen las partículas de ozono y de otros contaminantes, provocando que la calidad del aire que respiramos los capitalinos sea mala. 

Pero el cambio climático no sólo tiene relación con este factor. Existe una relación directa de éste con la disponibilidad de alimentos, agua e incluso con la presencia de ciertas enfermedades. El aumento en las precipitaciones pluviales, los periodos de escasez, el aumento en las ondas de calor. Todo mantiene un vínculo estrecho con el cambio de clima que estamos experimentando a nivel global, pero que afecta en mayor medida a la población urbana, sobre todo a la más vulnerable (por ser la que vive en asentamientos irregulares o en zonas de alto riesgo donde la capacidad de respuesta ante las emergencias es menor). 

Así pues, lo que antes sería inimaginable, hoy se ha convertido en un tema de la más alta prioridad para los gobiernos y para las sociedades urbanas en general. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) calculaba hace unos años que para el 2050, 2.5 mil millones de personas vivirían en zonas urbanas. Sin embargo, en pocos años el pronóstico ha cambiado por la rapidez con la que avanza el cambio climático y los desplazamientos a los que me referí anteriormente. La gente piensa ya en éste como una condición de riesgo a corto y largo plazo. 

La misma organización, a través de la extensión ONU-Habitat, ha desplegado una gran campaña para que las autoridades de las grandes urbes tomen la batuta en la mitigación del cambio climático. 

Un cambio en las políticas públicas que facilite la transición hacia el uso de fuentes de energía alternativa y/o limpias, es indispensable. Pero lo es también la constante innovación y el desarrollo de tecnologías que nos permitan hacer frente a este fenómeno lo más pronto posible. 

En la Ciudad de México, por ejemplo, se han dado pasos agigantados en materia de movilidad eléctrica para reducir sustancialmente las emisiones de carbono. Pero lo mismo ha ocurrido con la transición hacia clústers de innovación industrial que aumenten la actividad económica de manera sustentable, como es el caso de Vallejo-i. 

El cambio climático está frente a nosotros y aún tenemos cosas por hacer para aumentar la capacidad de mitigación de la urbe. Pero la tarea no sólo es de gobiernos y autoridades. En cada uno de nosotros está la posibilidad de reducir nuestra huella de carbono con cambios de conducta y/o de hábitos (en la casa y el trabajo, tanto en lo individual, como en lo colectivo) para poner nuestro granito de arena. Urge poner manos a la obra antes de que sea muy pero muy tarde. 

POR LEONOR GÓMEZ OTEGUI

DIRECTORA DEL FES CDMX Y COORDINADORA DEL CESA CDMX

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