MALOS MODOS

Receta presidencial para ser felices, felices, felices

Cuando termine este sexenio, el presidente será recordado, entre otros logros, por habernos regalado la receta para ser felices

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

Cuando termine este sexenio, el presidente será recordado, entre otros logros, por habernos regalado la receta para ser felices. ¿Lo han notado? Habla con frecuencia de ese tema, probablemente porque sabe que de eso se trata gobernar: de ser felices, felices, felices. Aquí, el modo presidencial de alcanzar esa meta.

Veamos, para empezar, cómo empieza el día nuestro líder. ¿Hay que madrugar para la reunión del Gabinete de Seguridad? Al mal tiempo, cara de póker. El presidente o habla de beis en la reunión, cuando está de buenas, o se limita a ceder la palabra y a no prestar atención a nada de lo que le dicen.

¿Jesuitas asesinados, negocios que cierran por el derecho de piso, militares humillados, ciudades ocupadas, delincuentes que le arrancan los órganos a los rivales para comérselos, récord de asesinatos? Cool. No deja que esa información le toque el alma o el corazón. Vaya: cero empatía, como ya nos explicó.

Eso, nada más, te da varios años más de vida, como nos han demostrado Fidel, Pinochet o Franco, entre otros líderes longevos. Bueno, sigan su ejemplo: que les tenga sin cuidado lo que pasa con sus semejantes. Es más: hagan como el presidente, o como Fidel o los otros, y gocen con el sufrimiento ajeno. Que su día tenga siempre un “Ahí están las masacres, ¡jajajaja!”

Si el titular del Ejecutivo aguanta la junta de las seis es también porque tiene ese aliciente de todos los días: insultar, distribuir culpas, acusar de lo que sea sin necesidad de exhibir pruebas. Las mañaneras, pues. Decían las abuelas que quedarte con los enojos conduce al cáncer. Bueno: que su pecho, como el del licenciado López, no sea bodega. Déjense ir. Evidentemente, no tendrán una tribuna como la de Palacio Nacional, pero, a escala, pueden seguir el ejemplo de nuestro mandatario y despotricar contra la familia, los amigos, los compañeros de trabajo o sus acreedores. No se corten.

Enseguida, el presidente desayuna como un campeón. Hagan lo propio, pero sean previsores: páguense un buen seguro médico, porque no a todos nos van a trabajar así de bien las cardiopatías en la medicina pública. A propósito, otro ejemplo de que al hombre del palacio todo le tiene sin cuidado es justo eso: no lo afecta la salud de la ciudadanía. Que sufran los otros no significa que tenga que sufrir yo. Aprendan.

Finalmente: practiquen un deporte. El que sea, pero en horas de trabajo, sin importar que la chamba esté en llamas. ¿Que se los reclaman en la oficina? No pasa nada: échenle la culpa a su antecesor en el cargo.

Finalmente, no se priven de algún lujito. La felicidad radica en el espíritu, pero el espíritu se lleva bien con los coches caros. Así que vendan ese Tsuru y consíganse una buena Suburban.

En resumen: para ser felices, llenen su jornada, cada jornada, de pequeñas alegrías. Carpe diem, carajo.

POR JULIO PATÁN
COLUMNISTA
@JULIOPATAN09

MAAZ

 

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