COLUMNA INVITADA

La belleza y el barrio: identidad y resistencia

El supuesto plan de homologación es un símbolo preocupante de la visión que hoy impera en la Cuauhtémoc

OPINIÓN

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Temístocles Villanueva Ramos / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Reinaldo Arenas, escritor homosexual y disidente cubano, escribió en su autobiografía que “la belleza es, en sí misma, peligrosa y conflictiva para toda dictadura, porque implica un ámbito que va más allá de todos los límites en que esa dictadura somete a los seres humanos”. La belleza es, dijo, un territorio en donde el autoritarismo no puede reinar.

Esta frase arroja luz sobre el temor que existe desde los autoritarismos a las expresiones de belleza e identidad; más aún, hacia aquellas que representen la gran diversidad humana y su resistencia desde las expresiones artísticas y estéticas. Sin señalar que se trate de una dictadura, creo que lo dicho por Arenas ayuda a ilustrar y entender lo que de un tiempo para acá está ocurriendo en la alcaldía Cuauhtémoc. Y, sobre todo, la visión con cierto talante autoritario y disciplinario que se ha impuesto desde el gobierno en turno.

En el Informe remitido por el gobierno de la alcaldía al Congreso, previo a la comparecencia de su persona titular, realizada hace unos días, la nueva administración presume como un logro su plan de ordenamiento de la vía pública y el comercio informal.

Dicho plan incluye, entre otras cosas, el retiro de puestos fijos y semifijos y la “homologación visual” de 99 por ciento de los puestos restantes. Esta última acción ha implicado la desaparición de buena parte de los tradicionales rótulos de puestos de bebida, comida y artículos varios que formaban parte de la identidad gráfica de colonias y barrios de nuestra demarcación. Los famosos rótulos son parte de la tradición gráfica popular que define a nuestra ciudad y a nuestro país, a la par de que su elaboración constituye un oficio muchas veces heredado de generación en generación.

Como muestra de ingenio artístico y estético integrado al imaginario colectivo, los rótulos y murales son también un símbolo de la identidad barrial y colectiva de quienes vivimos, trabajamos y transitamos por el corazón de la capital. Su desaparición, como parte de un supuesto plan de homologación y ordenamiento, es también un símbolo preocupante de la visión que hoy impera en la alcaldía sobre la construcción colectiva del espacio público, el derecho a la ciudad y los procesos de reapropiación barrial que caracterizan a lugares como Tepito, Guerrero, la Doctores, el Centro o Atlampa. Bajo esta identidad, vecinas, vecinos y personas comerciantes históricamente se han agrupado para la defensa de sus derechos, empezando por la equidad en el acceso a las calles, plazas y jardines.

Así, lo que se está haciendo al homologar de blanco y gris, es borrar estas identidades y sus expresiones, a la par de desconocer a las organizaciones vecinales y de comercio que han sido, por mucho tiempo, la fuerza motora de nuestra alcaldía. Se trata, además, de una visión clasista y privatizadora que limita el acceso y goce del espacio público, la diferenciación entre lo establecido y lo informal, así como de las expresiones de su pluralidad.

La misma visión que en su momento quiso privatizar la calle de Génova, hoy pinta las calles de la alcaldía de gris. El efecto de esto es hacer invisible la identidad de barrios y colonias que han resistido, mediante la organización colectiva, a empujes y fuerzas que previamente intentaron negar y desaparecer la enorme diversidad humana que nos caracteriza como alcaldía y como ciudad. Por ello, desde estas expresiones de belleza e identidad resistimos.

Finalmente, quiero decir que reconozco la necesidad latente de buscar alternativas para el correcto ordenamiento y administración de la vía pública. Pero este diálogo, y la búsqueda de nuevas vías que garanticen el acceso al espacio público para todas las personas, no puede dejar de considerar a todos los actores involucrados: vecinas y vecinos, organizaciones barriales y personas comerciantes. Un diálogo incluyente garantiza que, a la par de fijar obligaciones, se reconozcan derechos. Estoy convencido de que ésta, y no otra, es la visión que debe primar la gobernanza del espacio público en la Cuauhtémoc. Porque, por sobre todas las cosas, es la visión que reconoce la realidad ya existente de una demarcación compleja y hermosa como la nuestra.

No me queda más que sumarme a la defensa de nuestra identidad barrial y gráfica, con la esperanza de que pronto nuestras calles vuelvan a lucir coloridas y diversas, como sus dueñas y dueños: las personas que habitan y transitan la alcaldía.

POR TEMÍSTOCLES VILLANUEVA RAMOS
DIPUTADO EN EL CONGRESO DE LA CDMX POR MORENA
@TEMISTOCLESVR

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