COLUMNA INVITADA

Agentes escolares en entornos de violencia

En este mes de mayo nos centramos en tres agentes con un papel fundamental dentro del contexto de la educación: las mamás, las maestras y las estudiantes, y en las violencias que pueden estar sufriendo dentro del entono educativo

OPINIÓN

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Alejandra Díaz Corona / Columna invitada / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

Como cada día 25 de mes, en el día naranja, reflexionamos sobre la importancia de erradicar toda forma de violencia contra las niñas y mujeres.  

En este mes de mayo nos centramos en tres agentes con un papel fundamental dentro del contexto de la educación: las mamás, las maestras y las estudiantes, y en las violencias que pueden estar sufriendo dentro del entono educativo. 

La maternidad es de por sí, para muchas mujeres que deciden o tienen que trabajar, un motivo de discriminación; pero tanto las que tienen un empleo remunerado como las que no, sufren de la falta de reconocimiento, pues es común que no se le atribuya valor a la crianza, educación y cuidados de los hijos, mismas que son cruciales para el buen funcionamiento familiar y social.  

Las mujeres dedican entre una y tres horas más que los hombres a las labores domésticas; entre dos y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados, de acuerdo con el Informe sobre Desarrollo Humano 2012. 

Hablando de maestras, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, al cuarto trimestre de 2020, México cuenta con 1.2 millones de docentes de educación básica: 69.9% son mujeres, por lo que en gran medida son ellas las que forman a nuestras niñas y niños en las escuelas. No obstante, tienen que lidiar con diferentes tipos de violencia por parte de sus compañeros, de los estudiantes o de sus familiares. Pero, sobre todo, actos de violencia que se relacionan con las oportunidades, cuando se les asignan menos horas, se les paga menos o se limita el ascenso a otros puestos de mayor jerarquía. 

En cuanto a las estudiantes, ellas están expuestas a violencia física, psicológica e incluso sexual y no solamente por parte de sus compañeros, sino por parte de docentes y directivos, como recientemente hemos visto en campañas de denuncia del abuso y acoso de este tipo en diversos centros. En los momentos de receso y recreación aún son excluidas de ciertos espacios deportivos, por ser considerados deportes no aptos para ellas. Esto cuando no se les niega la oportunidad de tener acceso a la educación, al limitarlas a quedarse en casa haciendo labores domésticas o bien al cuidado de sus hermanos.  

Como sociedad hemos dado el primer paso hacia la visibilización de la violencia; sin embargo, aún queda mucho por hacer, se requieren acciones conjuntas y esfuerzos compartidos en todos los ámbitos: mejor distribución de las tareas del hogar, igualdad de oportunidades para las maestras; y niñas y niños formados en equidad de género, para empezar. Pero también urge el fortalecimiento de marcos legales que brinden protección a las mujeres y niñas, así como mecanismos que garanticen el cumplimiento de dichas disposiciones legales.  

POR ALEJANDRA DÍAZ CORONA  

COORDINADORA DE RELACIONES INTERINSTITUCIONALES Y COMUNIDAD EN MEXICANOS PRIMERO 

@ALEDICOVI

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