CASCABEL AL GATO

Hacia un nuevo Estado social

La construcción de un nuevo Estado social debe hacerse retomando aquellas conquistas y principios negados por el neoliberalismo

OPINIÓN

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Adrián Velázquez Ramírez / Cascabel al Gato / Opinión El Heraldo de México

En las últimas décadas del siglo pasado, las llamadas reformas estructurales sobrevolaron los cielos de las naciones latinoamericanas prometiendo prosperidad, democracia y eficiencia en el Estado. En cambio, las sociedades que las aplicaron quedaron sumergidas en un panorama desolador.

Sus entusiastas promotores todavía hoy insisten en que la pobreza, la marginalidad y la desigualdad son el precio con el que se paga el ingreso a la modernidad.

Sin embargo, los mejores días del proyecto neoliberal parecen haber quedado atrás. Sólo una mirada inocente podría contentarse con la explicación de que el neoliberalismo se opone al Estado. Si uno repasa las dichosas reformas estructurales lo que se encuentra no es una negación sino una reconversión de la función del Estado.

Para consolidar este modelo, el proyecto neoliberal tuvo que desmontar instituciones y erosionar facultades y competencias que se fueron construyendo muchas veces como respuesta a las luchas y conquistas de los movimientos sociales. De esta manera, el Estado neoliberal no es un oxímoron sino una pieza esencial de esta forma de concebir la vida social.

No hace falta ninguna doble lectura para encontrar los criterios en los que se basa este proyecto de organización social. Todo está dicho con claridad en los textos de los intelectuales canónicos del neoliberalismo.

Así, por ejemplo, en un ensayo de Friedrich Hayek titulado El atavismo de la justicia social (1976) la consigna no puede ser más clara. Para el dogmático austriaco la justicia social es el germen que conduce a la servidumbre. En consecuencia, lo que había que hacer era expulsar este principio no sólo de las instituciones del Estado sino incluso del vocabulario político. Simplemente había que eliminar esta dañina palabra de la imaginación de las personas. Dimensión totalitaria del neoliberalismo que rara vez toman en consideración sus avatares locales.

Los vientos parecen haber cambiado otra vez. Sin embargo, el rumbo por recorrer todavía no es lo suficientemente claro. Principalmente porque es ley de la historia que nos sea imposible a los humanos volver atrás en el tiempo. De esta manera, la construcción de un nuevo estado social debe hacerse retomando aquellas conquistas y principios negados por el neoliberalismo, pero también es indispensable repensarlo a la luz de las nuevas luchas e ideales.

Se trata, entonces, no de emprender un retorno sino de pensar un nuevo Estado social. Uno que se adapte a las exigencias de una sociedad que ha hecho de la participación democrática uno de sus baluartes. Un nuevo Estado social capaz de responder a las dinámicas de descentralización burocrática que fomentan las nuevas tecnologías.

Un nuevo estado social capaz de garantizar los nuevos derechos que se fueron conquistando en estas últimas décadas.

Sólo así el menguante neoliberalismo será parte de una época efectivamente clausurada.

POR ADRIÁN VELÁZQUEZ RAMÍREZ
COLABORADOR
@ADRIANVR7

PAL

 

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