LA ENCERRONA

Un fantasma recorre Europa...

Más allá del avance de partidos y clase política nacionalista y conservadora, quien ha ganado terreno es la radicalización de la derecha

OPINIÓN

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Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Grmasci

En esta ocasión no es el fantasma del comunismo, ahora el espectro parece extrapolarse a la ultraderecha. La coalición partidista entre el Partido Popular y Vox gobernará la región de Castilla y León en España; la reelección del conservador, nacionalista y euroescéptico, por un amplio margen, del Primer Ministro húngaro, Viktor Orban; la irrupción meteórica de Matteo Salvini en la política italiana con la Liga del Norte; brotes de partidos como Vlaams Belang (Interés Flamenco) en Bélgica, el Partido por la Libertad, en Países Bajos e incluso el partido pronacista griego, Amanecer Dorado, dan cuenta de ello.

Sumada a esta lista no podemos dejar fuera a Marine Le Pen, en Francia. En la jornada de primera vuelta, la representante de la ultraderecha obtuvo el 23 % de votos, un punto más que el Jean-Luc Mélenchon, el líder que conjuntaba la opción de la izquierda francesa y a quien lo eliminó del balotaje en contra de Emmanuel Macron (28 %) a definirse el próximo 24 de abril. Aunque pueda parecer la misma fotografía que en las presidenciales de 2017, donde estos tres contendientes tuvieron resultados similares y en segunda vuelta Macron ganó a Le Pen 66 a 34 por ciento, en la actualidad la votación podría estrecharse demasiado o incluso pensar en la victoria de la derecha no sería tan sorpresivo.

Pero, ¿qué ha cambiado en estos cinco años? Comencemos con Jean-Luc Mélenchon y la izquierda. Si bien el candidato realizó una buena campaña entre los jóvenes franceses, con las poblaciones migrantes y respetó un agenda progresista, en estos cinco años no supo conjuntar a los líderes ni votantes de partidos afines, tales como el Socialista, el Verde ni el Comunista, por lo que el voto se volvió a dispersar y le fue insuficiente para llegar a la segunda vuelta por tercera vez. Por su parte, Emmanuel Macron, quien en 2017 supo congregar los sufragios “centristas” habituales del Partido Socialista y de Los Republicanos, en el ejercicio del poder no ha gobernado desde el centro del cartesiano y la sociedad francesa se lo ha hecho saber con las manifestaciones de los “chalecos amarillos” y los constantes señalamientos hacia su arrogancia y distancia con la gente.

Ahora bien, la irrupción de Éric Zemmour (quien solo obtuvo 7 %), comunicador ultraconservador y xenófobo, se apropió la agenda con la que hace 5 años se castigó a Le Pen,  dejándola parecer como una derechista de centro. Además del desgaste natural del poder de Macron y la crisis de una izquierda anquilosada, Marine Le Pen ha sabido mostrar una cara distinta ante la sociedad francesa. Se ha distanciado discursivamente de su padre Jean Marie, moderó su discurso en contra de la comunidad LGBT+, su postura antiinmigrante se atenuó, pero ha continuado con el discurso de alejarse de la Unión Europea, fake news y el manual que tanto gusta a la derecha para conservar su voto duro, “reinventar” y “desdemonizar” a la extrema derecha.

Más allá del avance de partidos y clase política nacionalista y conservadora, quien ha ganado terreno es la radicalización de la derecha como un movimiento, como una cultura dentro del empresariado, organizaciones y en la sociedad misma. Veremos si en el país donde nacieron los valores occidentales de la democracia moderna europea con la “libertad, igualdad y fraternidad” como bandera, logra contener a este fantasma que reniega de la inmigración, del movimiento feminista, de los derechos humanos.

POR ADRIANA SARUR
ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM
@ASARUR

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