COLUMNA INVITADA

Ucrania, lo que sí podemos hacer

Son inimaginables las decisiones imposibles que madres y padres ucranianos están teniendo que tomar para proteger sus vidas, las de sus hijos, las de los abuelos… ante la despiadada destrucción de sus hogares, su libertad y su patrimonio

OPINIÓN

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Javier Careaga, Conferencista / Escritor / Consultor Créditos: Heraldo de México

Andamos todos con el corazón partido ante el dolor, la desolación y la impotencia de una invasión que no alcanzamos a comprender. Y es que no se puede comprender. ¿En esta era, Guerra? En una etapa en la que existe ya una masa crítica de seres humanos que sentimos el llamado de la conciencia de unidad, del respeto a la Tierra y de la fraternidad, ¿…asesinato sistemático de hermanos humanos por ambición? ¿Cómo? Es inaudito. Ningún motivo político, económico o geográfico justifica la decisión unilateral de destruir una sociedad, su cultura, su infraestructura, la vida y el futuro de sus habitantes. Es un acto de terrorismo contra la humanidad y la Tierra lo que está siendo perpetrado en Ucrania.

Son inimaginables las decisiones imposibles que madres y padres ucranianos están teniendo que tomar para proteger sus vidas, las de sus hijos, las de los abuelos… ante la despiadada destrucción de sus hogares, su libertad y su patrimonio. Y cómo explicarles a los niños que su familia se separará, sin saber si volverán a unirse. Que de la noche a la mañana, su papá que era dentista, abogado o comerciante, tomará un arma y tratará de matar a otros, para defender, probablemente con su vida, la de su familia. Y que dejarán todo atrás, sus escuelas, amigos, juguetes y mascotas… para peregrinar con sus madres, junto a otras millones de mujeres valientes, algunas embarazadas, otras enfermas, otras mayores, en medio de una pandemia. Todas ellas se han lanzado a un éxodo descomunal, para proteger sus vidas, arrastrando una maleta con lo que les cupo de su vida, con niños en brazos a veces, cargando un perro otras, sin saber de donde vendrá su siguiente comida, dónde pasarán la noche y como harán para vivir de ahora en adelante. No hay palabras.

Como individuos, ¿qué podemos hacer ante la impotencia de ver la prepotencia con la que se están sacrificando vidas humanas como si fuera un videojuego?  Por lo menos, tres acciones. La primera, donar. Si esta en nuestras posibilidades, independientemente de las causas que ya apoyemos en nuestro país, hagámoslo. Hay decenas de organizaciones confiables afines a tu corazón: protección a los niños, auxilio médico, alimento, apoyo a refugiados, etc. Con un poco que cada uno de (sumado al resto del mundo) es mucho lo que se junta. Cuando esa ayuda anónima llega a quien lo necesita, la gratitud que siente, tampoco tiene nombre.

Lo segundo, es celebrar las cosas sencillas de nuestra vida. Agradecer lo que tenemos, –que podemos llegar a darlo por sentado– y hacerlo como una ofrenda, para quienes ya no las tienen. Una cena tranquila en casa, arropar a tu hijo para dormir, hablar con tu madre, comer con un amigo, tener trabajo, ver una serie con tu pareja. Y al hacerlo, sonreír, respirar y sentir la plenitud. Recuerdo que cuando era niño, las abuelas nos decían, “cómete eso… ¿sabes cuantos niños en el mundo no tienen que comer?”. “¿Cómo si me termino mi plato, ellos dejarán de tener hambre?”, pensábamos, y no captábamos que dar valor a lo que teníamos, era una manera de respetar y honrar a quienes no tenían esa suerte. 

Y una cosa más muy importante, que podemos hacer por Ucrania, por México y por el mundo, es rechazar la guerra y promover la paz en nuestra propia vida. Vivimos inmersos en una energía de violencia constante y de fácil acceso para quien así lo permita: fusilamientos a manos del crimen organizado, golpes hasta la muerte para quienes le van al otro equipo de futbol, y la pregunta es, ¿tenemos la fortaleza para elegir la paz cuando fácilmente podemos justificar hacer la guerra? Con nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros colegas, con el conductor del auto vecino, y de manera muy especial, con nosotros mismos, ¿podemos contenernos y ser considerados cuando lo que querríamos hacer es estallar? No se trata de ser permisivos ante la injusticia, si no de saber desde donde actuamos y si con ello sumamos al amor o al odio; a la tolerancia o a la descalificación; a la amabilidad o a la agresión; a la vida o a la muerte. No es nada nuevo, pero siempre vale la pena recordarlo, y sobre todo, vivirlo: si quieres cambiar el mundo: ¡cambia tú! O como decía la Madre Teresa de Calcuta, “si cada uno barriera la puerta de su casa, el mundo estaría limpio”.

Por Javier Careaga
Conferencista / Escritor / Consultor

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