TECHOS DE CRISTAL

Nueva propuesta

Entre olas de risa y lágrimas saladas, sucedió un episodio que me hizo replantear la existencia y esencia misma de esta columna

OPINIÓN

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María Milo / Techos de cristal / Opinión El Heraldo de México

Me encontraba en esas sobremesas que se supone deben ser causa de buenas conversaciones y disfrute. Todo iba bien, hasta que uno de los señores presentes dijo que su hija estudiaba MMC. Varios preguntaron lo que significaba, a lo que respondió que estaba estudiando periodismo mientras se casaba. Además, añadió, sin remordimiento, que él no estaba de acuerdo con que las mujeres se estuvieran incorporando a otras áreas que no fueran dentro de los muros de una casa.

No terminé de escucharlo, porque me levanté a dar una vuelta, antes de que mi paciencia hacia sus comentarios retrogradas se acabara. Primero que nada, no podía creer que denigrara la profesión del periodismo, y segundo, que dijera eso no sólo de las mujeres, sino ¡de su propia hija!, desempoderándola y desacreditándola frente a todos. Estaba segura de que mi indignación no era exagerada, pues evidenciaba un factor importante: el techo de cristal.

En Mujeres del alma mía, Isabel Allende comparte que desde muy chica los sentimientos de frustración que llegó a sentir ante el machismo fueron tan poderosos que la marcaron para siempre con una obsesión por la justicia. De cierta manera, es esto lo que también ha llevado a muchas otras a unirse a la causa y crear avances. Mujeres como Virginia Woolf, Frida Kahlo, Eva Perón, Betty Friedan, Gloria Steinem, Malala Yousafzai, Emma Watson, Chimamanda Ngozi Adichie, Roxane Gay. Todas se dieron cuenta que el cambio era posible.  Descubrieron que estaba en sus manos sacudirse la sensación de frustración e impotencia. Abrieron los ojos ante la idea de que ellas podían ser la revolución, el avance, la voz de las que se les había callado. 

Techos de cristal, como he decidido nombrar la columna, hace alusión a una metáfora que representa las barreras y la violencia construida a través el tiempo, con las cuales la mujer se enfrenta en el campo laboral. Estas se han desarrollado a base de estereotipos, prejuicios y creencias machistas; sin embargo, sus repercusiones no se limitan a la vida profesional, sino que se expanden a un plano mucho más amplio en la vida cotidiana. Por ejemplo, los micromachismos son consecuencia de este mismo factor. 

Cristian Loranca Rodríguez, psicóloga de la UNAM y experta en temas de violencia de género, afirma que erradicarlo daría como resultado un gran empoderamiento hacia la mujer, así como una mayor libertad para actuar, una mejor calidad de vida e independencia económica.

Me di cuenta que cada día, a todas horas y en todos los rincones del mundo, el techo de cristal nos da de qué hablar. Está tan arraigado a nuestra forma de vida, que no pasa ni un segundo sin que éste afecte nuestro camino hacia la equidad. Por esto, mi intención es usar este espacio para visibilizar el peligro que representa a la sociedad. Crear conciencia, diálogos y soluciones que impulsen la desaparición de estas barreras.

Lo que viene en las siguientes columnas es una dosis de tinta morada que contagiará este sentido de justicia y transformación, el cual comparten todas esas mujeres que llegaron antes que nosotros. Si le llamamos obsesión al pedir justicia, exigir dignidad y buscar equidad, entonces no hay mejor cumplido que ser obsesionadas con romper el techo de cristal.

POR MARÍA MILO
IG: @MARIAAMILO
BLOG: WWW.MARIAMILO.BLOG

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