MIRANDO AL OTRO LADO

Los extremos amenazan al país

El hecho de que “un grupo” de senadores del PAN, incluyendo a su coordinador parlamentario, haya firmado un documento con el partido español Vox, de inspiración franquista, es en extremo preocupante

OPINIÓN

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Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México

El hecho de que “un grupo” de senadores del PAN, incluyendo a su coordinador parlamentario, haya firmado un documento con el partido español Vox, de inspiración franquista, es en extremo preocupante.

Debe preocupar a toda la oposición este acontecimiento, porque puede potenciar un espíritu rupturista en el bloque “Va Por México” en el momento preciso en que arranca la primera sesión de la nueva Legislatura, señaladamente estrenando la coalición opositora. El partido Vox, de ultraderecha española, alimenta las fobias en contra del pasado “republicano” en su país, discrimina a las mujeres y promueve la polarización política, además de la fobia a todo “lo extraño”, incluyendo la sugerencia de que podría impulsar una suerte de “Califato” del catolicismo. El PAN siempre había estado aliado al Partido Popular de ese país, de filiación centroderechista, rechazando la extrema derecha. Extraña y desconcierta, por tanto, este viraje panista (dirían “no todos, sino algunos”, pero algunos es suficiente) de voltear la mirada hacia los extremos.

El problema con este acto, incluso aunque el PAN oficial se deslinde del hecho, es que devela una dinámica más peligrosa sobre el curso político que está tomando el país. Están entrando en acción los extremos políticos y quieren ser quienes definen el futuro del país. Por su odio a la 4T, algunos panistas piensan que pueden derrotar al populismo de izquierda con uno de derecha.

Desde hace tiempo operan actitudes que calificaría de “extrema derecha”, tanto en el aparente origen de sus operadores como por los postulados que profesa. La idea de que existe una amenaza comunista en México es tan lejana a la realidad como lo esfantasiosa. Pero está a flor de piel en sectores que aseguran ver en López Obrador un agente comunista. En esto, el análisis de los panistas extremistas coincide con el movimiento FRENNNA, que es la extrema derecha social. Coinciden en tiempo y forma.

López Obrador es más comparable a un fanatico de una religión no-católica que a un partido comunista. Ni los más radicales de su partido Morena son verdaderos comunistas. Yeidckol y Lázaro Cárdenas, los morenistas más cercanos a Cuba, defienden a ese país y al gobierno actual por sus personales intereses económicos y emocionales con la isla, no por una convicción ideológica. Y la fascinación de otros morenistas con Venezuela es porque se dejan arropar en amor y alcohol en ese país. Y probablemente algunos petrodólares.

El populismo le es servicial, por igual, a los extremismos de izquierda y derecha en América Latina. El cuestionamiento a las instituciones de la democracia liberal es un negocio rentable para ellos. La polarización permite ganar elecciones en países con una inclinación conservadora o izquierdista, indistintamente. Para el populismo el tema importante no es la ideología política, sino lo que resuena en las cabezas de millones de ciudadanos desafectos y descontentos con el estado actual de la institucionalidad democrática que, consideran, no ha resuelto sus demandas.

No es casualidad que en su libro reciente López Obrador habla de su entendimiento tan profundo con Donald Trump. Tienen la misma tipología de pensamiento. Dicen que encarnan una lucha civilizatoria contra la barbarie (derecha contra el despotismo comunista e izquierda contra la atrocidad neoliberal). Por esta razón son antidemócratas; consideran que sólo convirtiéndose en autócratas serán capaces de derrotar al Imperio del Mal que enfrentan. Para lograr su propósito, explotan los miedos y las angustias de los ciudadanos. Provocan la polarización social, junto con el desmembramiento de las instituciones democráticas, como su ruta común para sostenerse en el poder, y también para ser el poder tras el trono.

El racismo de Trump encuentra su equivalente ideológico en Vox, así como el indigenismo amloista propicia una variante “izquierdista” de xenofobia. Sus dudas sobre la existencia de Covid19 y la “trampa” de las vacunas son compartidas por AMLO, Vox y Trump, quienes rechazan la ciencia y el conocimiento como guías para la acción. El odio a los migrantes y las minorías es una xenofobia que comparten Vox, Trump y AMLO. Los tres, como los Talibanes, comparten la creencia de que el movimiento de mujeres es una masa tripulada por opositores a las buenas costumbres y contra ellos en lo personal. La polarización social es el discurso medular de los tres; su convicción sobre la ineficacia de las prácticas democráticas los convierte en una cofradía sólida.

Sus diferencias ( “derecha fascista e izquierda comunista”) no son obstáculos para que, al gobernar, hagan lo mismo, especialmente en la aplicación de políticas económicas de mercado neoliberales, que mantienen la desigualdad social. Lo más cercano que llega la izquierda latinoamericana al comunismo es creando un capitalismo monopolista de Estado. Cuba es la única excepción al modelo.

Inopinadamente, México puede convertirse en el lugar de confrontación entre populistas de izquierda y derecha, odiándose, reprobándose, y fomentando lo mismo: enfrentamiento social y caos político, soñando con la instauración de modelos de gobierno autoritarios en el futuro. ¿Fascistas contra comunistas? ¿Panistas radicalizados contra morenistas proponiendo llenar las calles de los suyos para imponer su proyecto político, ignorando el Estado de derecho? ¿Es esto lo que nos depara el futuro próximo?

La pregunta que debemos hacer es si queremos caer en el juego de los que promueven la polarización y, eventualmente, la regresión hacía algún tipo de autocracia, ya sea de izquierda o derecha. Los extremos populistas asoman la cabeza y luchan por dominar al país.

Al igual que en el PAN, dentro de Morena el avance de las posturas radicales se ha hecho notorio en las últimas semanas. Partiendo de instrucciones de Palacio Nacional, avanzan los llamados a recurrir a la movilización social en las calles del país para “defender” al gobierno, con la intención de impedir que el Congreso, ahora más equilibrado en su correlación de fuerzas, se convierta en un espacio que neutralice el “cambio”. Su idea es que si las instituciones no avalan totalmente el plan de la 4T, éste se impondrá por la fuerza al país. Y como reacción a la radicalización morenista, surge la radicalización de sectores panistas aliados de Vox, igualmente alentando la confrontación y decididos a imponer su idea de país. Para ambos extremos el llamado a la democracia no es más que un uso cínico de la retórica política: ambas fuerzas son antidemocráticas, desde la izquierda y la derecha, porque quieren gobernar autocráticamente.

La polarización que promueven los extremos amenazan con el peor escenario para México: violencia sin cuartel, guerra entre autocracias y choque frontal de proyectos. Atraparán a México entre dos extremos con su fuego cruzado de dos propuestas igualmente antidemocráticas, peleando por el poder.

Por todo ello es indispensable que la sociedad y todas las fuerzas democráticas promuevan la formación de un frente en defensa de la democracia basado en las grandes causas nacionales transversales que son afines a todos los sectores de la sociedad (seguridad, salud, educación, empleo, medio ambiente, igualdad sustantiva y no-violencia a las mujeres y los niños y niñas). No se debe confundir reclamos de democracia y justicia social con las corrientes ideológicas extremistas. Sólo un centro político liberal, institucional, tolerante y dialogante, alejado de populismos de derecha y de izquierda, podrá rescatar al país, asegurar la paz social, las libertades y la democracia. Sólo el rechazo social contundente a los extremos que quieren apoderarse del país permitirá a México avanzar, en vez de retroceder.

Es necesario que ese frente en defensa de la democracia se integre, también, con sectores del actual oficialismo, adhiriéndose junto con el bloque opositor a un esfuerzo común para evitar la amenaza de una guerra civil entre mexicanos. Debe prevalecer la tolerancia y el espíritu unitario cuando se trata de salvar al país de su destrucción.

POR RICARDO PASCOE PIERCE
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