EL DON DE LA FE

Archivo Secreto Vaticano

Este tesoro se sujeta a mantenimiento, encomienda que recae en el Laboratorio de Conservación, Restauración y Encuadernación del propio Archivo

OPINIÓN

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Roberto O'Farrill Corona / El don de la fe / Opinión El Heraldo de México

Instituido por el papa Pablo V en el año 1612, el Archivo Secreto Vaticano resguarda y custodia miles de documentos que conforman siglos de historia. Se trata de 650 fondos archivísticos y 30 mil pergaminos instalados en 85 kilómetros de estanterías, un tesoro inmenso que aumenta con el tiempo y que ofrece una variedad de tipologías de escritos que suscitan admiración por la riqueza de su historia.

El Archivo Secreto ha logrado soportar el paso del tiempo y superar vicisitudes, algunas incluso bastante agresivas, como el embate ocurrido en 1810, cuando Napoleón ordenó que todos los textos papales fueran trasladados a la capital francesa, aunque regresaron años después, pero no en su totalidad.

Para soportar el tiempo, este insustituible tesoro se sujeta a mantenimiento constante, una encomienda que recae en el Laboratorio de Conservación, Restauración y Encuadernación del propio Archivo, donde reciben cuidados escrupulosos las tan delicadas y preciosas páginas que constituyen una memoria milenaria, pues contienen impresa, la historia de la Iglesia.

Son millares de códices, pergaminos, legajos y registros los que componen el majestuoso mosaico documental del Archivo Secreto Vaticano, a veces demasiado frágil para resistir los efectos nocivos de la luz, de los siglos y de los agentes biológicos.

Al mantenimiento preventivo en varios casos se le agrega la restauración que permite garantizar su supervivencia, tarea que corresponde a ocho profesionales del laboratorio, quienes apoyados en análisis científicos preliminares intervienen diariamente los documentos que se encuentran dañados, las obras que es preciso salvar.

Como el Archivo contiene una documentación procedente de todo el mundo, los materiales son variados, pues todas las culturas han utilizado para escribir los materiales que tenían a su disposición; en occidente, primero era el papiro, después el pergamino y luego el papel, mientras que en otras culturas, como las de los nativos de América, se utilizaron la corteza de abedul.

Los chinos, además del papel, empleaban también la seda, como lo muestra la carta que, escrita sobre este material, la emperatriz Wang envió al Papa Inocencio X en 1650.

La excesiva exposición a la luz, la humedad o los procesos corrosivos debidos a algunas clases de tinta pueden comprometer de manera irreversible un documento, así que cada ejemplar posee características que le son propias.

Todo este mar de documentación es sujeto de análisis de valoración diaria, pues son actas y documentos que se refieren al gobierno de la Iglesia, a fin de ofrecer un servicio al Romano Pontífice y a la Santa Sede y, en segunda instancia, a todos los estudiosos, sin distinción de país ni religión, que los consultan, pues desde que el papa León XIII decidió abrirlo en 1881, el Archivo Secreto Vaticano se ha convertido en uno de los centros de investigaciones más importantes del mundo.

POR ROBERTO O'FARRILL CORONA

MAAZ