COLUMNA INVITADA

Tercer discurso de la República: Luces y sombras

El mensaje que el Presidente envió a la nación anima a sus partidarios y da esperanzas a un pueblo que tiene más pobres y menos oportunidades

OPINIÓN

·
Alfredo Ríos Camarena / Columna Invitada / Opinión: El Heraldo de México

El discurso presidencial referente al Tercer Informe de Gobierno, como siempre, se perfila entre luces y sombras. Desde luego, hubo cambios importantes, pues la actitud presidencial fue menos agresiva y tuvo visos de una despedida nostálgica del poder; su retórica fue triunfalista y esperanzadora, sobre todo para sus partidarios y seguidores.

El gran problema es la falta de cohesión ideológica que nos permita observar la realización de una Cuarta Transformación; en efecto, ha habido algunos cambios importantes: la ejecución de programas sociales que, de alguna manera, han paliado pero no detenido, lamentablemente, el aumento exponencial de la pobreza; también ha habido logros, como el aumento del salario mínimo; la recaudación fiscal; el equilibrio macroeconómico que ha permitido la estabilización de la paridad del peso; y, un clima económico, que si bien no es logro personal del Presidente, si ha permitido el desarrollo sano de la Bolsa de Valores.

Todo esto es verdad, pero corresponde básicamente a una política de la llamada “Ortodoxia Económica”, que no es otra cosa, sino la aplicación del modelo neoliberal. Efectivamente, aumentaron las remesas, a pesar de que estas son el producto del trabajo –casi esclavo— de nuestros compatriotas en los Estados Unidos.

No hay una correlación entre el discurso ideológico antineoliberal y la gran política económica, que sigue favoreciendo al “Gran Capital”, en consonancia con el mundo global que vivimos.

La otra épica que propuso el Presidente, lamentablemente, se ha quedado en una retórica y en problemas no resueltos como: la inseguridad, la violencia, el tema sanitario, la pandemia, el desarrollo educativo y, sobre todo, el combate a la desigualdad y a la pobreza.

El Presidente, al empezar a despedirse, considera que ha cumplido con creces su trabajo; la realidad desgraciadamente nos dice otra cosa. Por supuesto, no todo es malo, habrá que reconocer que ha realizado un enorme esfuerzo y que las estructuras del poder y de las relaciones de producción, han frenado su proyecto.

Es importante que no haya entregado más concesiones mineras, y que entienda que las asociaciones públicas y privadas son onerosas, que sólo favorecen a un pequeño grupo.

La corrupción –eje central de su proyecto— ha sido combatida intensamente desde su comunicación en las mañaneras, pero en la realidad, no se han logrado objetivos de gran calado y sigue siendo un cáncer que corroe a nuestra sociedad.

Las reservas del Banco de México siguen siendo fundamentales para mantener el equilibrio macroeconómico, pero también corresponde a políticas diseñadas por el Fondo Monetario Internacional y, obviamente, al neoliberalismo global.

El Presidente ha mantenido su popularidad, sigue despertando la esperanza nacional, pero la realidad objetiva no corresponde a esa satisfacción del Ejecutivo.

El discurso que el Presidente envió a la nación anima a sus partidarios y da esperanzas a un pueblo que, lamentablemente, tiene más pobres y menos oportunidades.

No todo ha estado mal, como aseguran sus detractores, pero tampoco se ha efectuado nada trascendente que nos permita avizorar una Cuarta Transformación.

Los objetivos se han centrado en la política electoral y en el control de la ciudadanía, con el objetivo de prolongar en el próximo Sexenio el predominio de Morena.

La polarización sigue siendo el signo de nuestro tiempo y la falta de respeto entre los protagonistas se convierte en el uso político cotidiano; se han perdido las formas republicanas que nos den un sentido de seriedad y objetividad, en el manejo de las cuestiones públicas. El desprestigio, la calumnia y el enfoque contestatario no auguran un progreso de serenidad, que impulse a nuestra nación hacia un mejor destino.

En resumen, una gran mañanera; el aplauso de sus cercanos colaboradores que sólo refleja su propia imagen en el espejo del autoelogio. En medio de ello, cambios que sólo tiene por objeto manipular a la opinión pública y al electorado hacia las elecciones de 2024.

Los grandes capitales, particularmente extranjeros, siguen siendo los que definen nuestro rumbo; y, el proyecto legislativo se reduce a encuestas innecesarias y a ejercicios de democracia semidirecta, condenados al fracaso desde un principio; el Estado no ha recuperado su papel rector y cada día la inversión pública se reduce.

Seguimos siendo una nación en la que no se configura un proyecto concreto que, efectivamente, nos independice del neoliberalismo y nos encamine a un destino mejor. Los paradigmas ideológicos de la Revolución se mantienen incumplidos, mientras que el pueblo esperanzado, requiere un mejor futuro. Luces y sombras.

POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNAM

MAAZ