COLUMNA INVITADA

De vuelta a lo ordinario

Por fin los estudiantes regresaron a la escuela. Nunca antes se había apreciado tanto la vuelta a lo ordinario: levantarse y madrugar, las prisas, el tráfico, correr para llegar a tiempo, tenerse que arreglar

OPINIÓN

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Paz Fernández Cueto/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Por fin los estudiantes regresaron a la escuela. Nunca antes se había apreciado tanto la vuelta a lo ordinario: levantarse y madrugar, las prisas, el tráfico, correr para llegar a tiempo, tenerse que arreglar.

Después de largos meses de pandemia, siguiendo las clases detrás del monitor y disputando espacios con los pobres papás…, ¡cómo añoramos la bendita rutina semanal que, antes de la pandemia, alucinábamos! ¡Lo cierto es que el lunes por la mañana queríamos que fuera viernes, veíamos el fin de semana tan lejano como una eternidad! Nunca se había visto que los niños y sus papás desearan tanto volver a clases, aún en medio de los requerimientos extraordinarios que esto implicó.

Antes, lo enfadoso era forrar libros y cuadernos y comprar la interminable lista de útiles escolares. Ahora, en tiempos de post pandemia, las pruebas de antígenos, el cubre bocas y el gel antibacterial, son lo que no puede faltar. Los niños, ilusionados de volver a la escuela para reencontrarse con sus amigos, se adaptaron sin mayor problema a la nueva realidad.

El peor castigo -¿quién lo diría?- sería suspender las clases y tener que volverse a encerrar, ante la posibilidad de un contagio. Las más felices eran las mamás que por fin recuperaron su libertad, su casa o su cuarto sin tener al marido trabajando y, lo más valioso: su tiempo, sin tener que ser maestras multigrado, atendiendo a varios grupos a la vez en las clases virtuales. Sin duda este año y medio de pandemia actualizó nuestra capacidad de adaptación; llaman la atención especialmente los niños, quienes se ajustaron rápidamente a esta nueva realidad, volviéndose expertos en medios y programas que antes desconocían.

Ya no dudan en salir de casa sin cubrebocas y saludar de lejos o chocando su puño o codo contra los demás. Da mucha risa ver a los más pequeños confundiendo todo tipo de artefactos con dispensadores de gel. Las nuevas tecnologías ayudaron a cubrir necesidades urgentes durante la pandemia, como seguir en contacto con los nuestros sin arriesgar la vida o continuar con las clases y juntas de manera remota. Sin embargo, no hay que olvidar que la vida no es virtual.

El peligro que corremos es no podernos desconectar de las pantallas; así nos encontramos frente a la paradoja de querer estar de manera personal y, al mismo tiempo, notamos esta adicción a lo virtual. Ya advertía Benedicto XVI desde el año 2011 sobre la virtualidad “… que corre el peligro de dominar sobre la realidad.

Cada vez más, incluso sin darse cuenta, las personas están inmersas en una dimensión virtual a causa de mensajes audiovisuales que acompañan su vida desde la mañana hasta la noche”. La pandemia nos hizo añorar la realidad de siempre: la felicidad de un partido en el recreo, de una clase en persona, del trabajo en equipo, de una plática cara a cara…

No dejemos que el uso excesivo de las nuevas tecnologías nos robe de nuevo esta la realidad cuyo valor acabamos de redescubrir.

POR PAZ FERNÁNDEZ CUETO
PAZ@FERNANDEZCUETO.COM

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