DEFINICIONES

Los insultos a Beatriz Gutiérrez

La violencia física o verbal, debe condenarse siempre. Venga de quien venga, vaya hacia quien vaya. Pero en la polarización, se mide con distinto rasero

OPINIÓN

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Manuel López San Martín / Definiciones / Opinión El Heraldo de México

La violencia física o verbal, debe condenarse siempre. Venga de quien venga, vaya hacia quien vaya. Pero en la polarización que vive el país, se mide con distinto rasero. Quienes atizan toda clase de calificativos despectivos contra la historiadora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente, se llaman ofendidos por los ataques que reciben lo mismo de hordas de bots que desde el poder mismo. Y quienes desde el poder o su periferia se muestran indignados por el ataque artero contra la escritora, no pocas veces son los primeros en llenar de adjetivos calificativos a sus adversarios.

Acá no repetiremos todo lo que se ha dicho sobre la esposa de López Obrador. Ni los insultos ni los apodos deberían ser replicados. Ni contra ella, ni contra cualquier persona. Sí diremos que el encono y la crispación, no conducen sino hacia la violencia verbal. Y de esta, a la física, solo hay un paso.

El desatino –por decirlo suave- presidencial, de mostrar la semana pasada el tuit de un supuesto investigador, lejos de abonar a bajarle a la belicosidad, le dio gasolina. Nadie gana en esa arena, más que los radicalismos. Se destruyen puentes de diálogo, se ahonda en las diferencias y se profundiza la división que, por momentos, parece irreconciliable.

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“Qué mundo tan agresivo el de #Twitter. Por eso no escribo por aquí tan a menudo como yo querría. El lenguaje cargado de ira y la agresividad no me gustan. De todas formas #FelizLunes a los que no don #bots y saben conducirse con respeto. #seanfelices”, posteó el 13 de agosto de 2018 Gutiérrez. Desde entonces, nada parece haber cambiado. Al contrario.

“La crítica, la objeción y la disidencia que se expresa en #Twitter es bienvenida cuando se realiza con respeto y argumentos. Solo quiero recordarles que yo no soy @lopezobrador_, soy Beatriz y no detento ningún cargo público ni represento a persona pública alguna #FelizMartes”, escribió un día después. Ese mismo 14 de agosto, luego de que un usuario la increpó por sus comentarios, Gutiérrez Müller respondió: "Me seguiré quejando. ¿O debemos ver como normal la violencia y la agresión física o verbal?".

Los tuits siguen vigentes. Como la escritora, muchos otros han renunciado a decir lo que piensan por temor al escarnio.

Parece que asistimos a la normalización del insulto, de la violencia verbal. Atacar a alguien por ser “la esposa de” o “el hijo de”, eclipsa la posibilidad de una crítica sustentada. Mucho hay que señalarle al gobierno actual, a las decisiones del presidente y de su administración, pero enfilar baterías contra su esposa pretendiendo trasladarle las filias y fobias que despierta López Obrador, no solo es de una evidente misoginia, sino que empaña lo que sí tendría que ser tarea de una sociedad vigilante.

La violencia física o verbal, debe condenarse siempre. Y lo que algunos han normalizado –y sistematizado- como ataques contra Gutiérrez Müller debe ser reprobado con todas sus letras. 

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN

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