COLUMNA INVITADA

La vida después de Merkel

El sucesor tendrá la tarea de devolver la estabilidad y certidumbre a la esfera pública alemana

OPINIÓN

·
Emilio Suárez Licona / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

El pasado domingo 26 de septiembre se celebraron las elecciones federales de Alemania, las cuales marcan el fin del mandato de Angela Merkel tras 16 años de gobierno.

Tal acontecimiento, por sus implicaciones, merece un ejercicio de recapitulación y reflexión sobre el impacto que tuvo dicho personaje para su país y para la comunidad internacional, en el contexto de su salida del poder.

Los mayores éxitos de la canciller Merkel radican en la forma en que potenció la influencia de Alemania en el mundo. Por un lado, Alemania se convirtió en la economía más grande de Europa, y por el otro, sus gestiones en cuestiones de política internacional la ubicaron como la mujer más poderosa del mundo. Desde sus primeras acciones de gobierno buscó fortalecer las relaciones con países como Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Rusia y China, lo cual la posicionó como un dique de estabilidad, dialogo y consenso en escenarios internacionales del más alto nivel.

En el marco europeo, la Canciller Alemana fungió como líder de facto, manteniendo unido a dicho continente en los momentos más difíciles. Entre otras cuestiones, lideró la respuesta a Rusia tras su ataque a Ucrania, mantuvo la línea sobre el Brexit y en los últimos meses encabezó los esfuerzos más relevantes para mitigar los efectos de la pandemia.

Sumado a lo anterior, su liderazgo repre-sentó el principal impulso para la firma del Tratado de Lisboa, acuerdo que modificó y redefinió las bases constitucionales de la Unión Europea. Sin embargo, la carrera política de Angela Merkel no estuvo exenta de fracasos.

Durante la crisis del Euro afianzó una narrativa de indisciplina fiscal, lo cual profundizó y alargó la recesión europea. Entre 2015 y 2016 su política migratoria y las negociaciones con Turquía derivaron en tensiones con sus socios, además de afirmarse que se quedó corta al momento de contener los movimientos autoritarios de Polonia y Hungría. Incluso, en un ejercicio de autocrítica, la Canciller estableció como su mayor fracaso el no haber afrontado con mayor determinación el cambio climático.

En tal contexto, Angela Merkel deja el poder con un índice de aprobación del 80 por ciento entre los alemanes, más allá de la prevalencia de un escenario internacional complejo. Además, los resultados de la elección en dicho país se han traducido en un entorno de incertidumbre política nacional y global, debido a la división del voto que implica que por primera vez desde 1950 sea necesario el consenso de 3 partidos para definir la mayoría en el Bundestag.

En tales circunstancias, sea quien sea su sucesor tendrá la dura tarea de devolver la estabilidad y certidumbre a la esfera pública alemana. En el ámbito europeo,

Merkel será prácticamente irremplazable debido a sus grandes atributos en el quehacer público, ya que demostró de manera permanente ser una mujer informada, comprometida, pragmática y con una apertura impresionante al dialogo, la negociación y al consenso. En ese sentido, la comunidad internacional habrá de estar atenta a la eventual irrupción de un nuevo mandatario que logre estar a la altura del reto que supondrá no contar más con Merkel, en un entorno marcado por la incertidumbre y la indecisión global para enfrentar los grandes retos del siglo XXI.

POR EMILIO SUÁREZ LICONA
CONSULTOR Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD PANAMERICANA
@EMILIOSL

CAR