CRISIS MIGRATORIA

La migración haitiana: Una nueva crisis en la frontera norte

La situación de crisis que se vive hoy en la frontera norte no es producto de la casualidad

OPINIÓN

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Dra. Pilar López Fernández/Columna invitada/Opinión El Heraldo de México

¿Qué hacer ante una nueva crisis migratoria en la frontera con el vecino del norte esta vez causada no por nuestros nacionales sino por la llegada de miles de haitianos  que se concentraron en días pasados en el cruce de Del Río, Texas y Acuña, Coahuila? ¿Cómo gestionar, si no es con el apoyo de la región latinoamericana en su conjunto, el paso de personas que para llegar a donde hoy se encuentran atravesaron una buena cantidad de países donde no fueron detenidos?

La situación de crisis que se vive hoy en la frontera norte no es producto de la casualidad, puede entenderse a la conjunción de factores que nos han llevado a ella y que deben comprenderse para poder lograr una solución adecuada para las partes involucradas: México, Estados Unidos, y sobre todo los haitianos cuyas condiciones tanto en su país como en la frontera, carecen de las mínimas condiciones de salud, seguridad y respeto a los derechos humanos, y para quienes la esperanza de poder construir un futuro se ve eclipsada.

Por un lado, el motor que explica el fenómeno migratorio desde Haití son las condiciones políticas, económicas y sociales que le afectan.  De acuerdo con las Naciones Unidas, la economía haitiana está caracterizada por la informalidad y altos niveles de desempleo que llevan a que alrededor del 34% de la población país sobreviva con menos de dos dólares al día. Esta situación se recrudeció después del temblor que afectó al país en 2010 en el que fallecieron alrededor de 200 mil personas. La migración es de esta manera una solución a la que recurren los haitianos de todos los niveles socioeconómicos en busca de oportunidades para salir adelante. En particular, en lo que se refiere a éste, las mujeres se trasladan sobre todo internamente (del campo a la ciudad), mientras que los hombres lo hacen internacionalmente.  


Por otro lado, el destino tradicional de los nacionales de Haití ha sido a lo largo del tiempo Sudamérica hacia países tales como Brasil, Chile, Ecuador, Perú, entre otros. Éstos han ofrecido a los haitianos visas humanitarias conscientes de las condiciones que les afectan y también como solución a las necesidades económicas internas. Un ejemplo de ello es el caso brasileño que requería mano de obra previo a la Copa Mundial de 2014. Con el paso de los años, sin embargo, las condiciones en esos países cambiaron tanto desde el punto de vista económico como político lo que llevó al endurecimiento de las regulaciones migratorias y con ello a que la población haitiana tuviera que trasladarse a otras latitudes, entre ellos México y Estados Unidos.


La conjunción de estos elementos llevó a que tal y como han indicado algunos de los haitianos que hoy se encuentran en la frontera, se trasladaron a ahí con la esperanza de poder acogerse al Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) que, por las condiciones que afectan actualmente a Haití, fue por el gobierno norteamericano hasta el 3 de febrero de 2023. Sin embargo, y aquí es donde la falta de información y vulnerabilidad del migrante juega un papel central, es aplicable únicamente para las personas que ya se encuentran dentro de Estados Unidos.

El TPS es una alternativa para ellos ya que les ofrece posibilidad de no ser deportados y así como permiso para trabajar. Por otro lado, las personas que pretenden entrar y que no cuentan con la condición migratoria correspondiente, tienen que enfrentarse a una política de fronteras cerradas implementada por el Presidente Trump desde marzo de 2020 por la pandemia de Covid-19. Como resultado de ella, los que en una condición irregular intentan cruzar, tendrán que enfrentar tal y como les ha ocurrido a los miles de haitianos que hoy se encuentran en el puente de Del Río y Acuña, la aplicación del Título 42 cuyo objetivo es garantizar el bienestar y la salud pública, se ha utilizado como un instrumento de política migratoria para deportar de manera inmediata a todos aquellos que se identifica como una amenaza en virtud de la pandemia. Invocando dicha regulación, entre marzo de 2020 y enero de 2021 se deportó a alrededor de 450 mil personas, 99% de ellas por la frontera que dicho país comparte con nuestro país.  En este sentido, cabe cuestionarse el tinte discriminatorio que dicha política ha cobrado que vimos durante la administración Trump y que no ha cambiado por el momento durante la administración Biden.

La situación actual requiere la cooperación no solamente de los actores directamente involucrados: México y Estados Unidos, sino también de la región en su conjunto. Los haitianos que hoy se encuentran en la frontera pasaron antes de llegar a ella libremente por varios países. Asimismo, es necesario resolver de manera urgente las condiciones que afectan a Haití que llevan a que alrededor de una quinta parte de su población haya decidido dejarlo con todo lo que ello implica. Finalmente, no es posible pasar por alto la necesidad de garantizar los derechos humanos en el momento de ejercer las deportaciones los cuales como hemos visto en las imágenes han sido gravemente violentados. Antes que haitianos, mexicanos o salvadoreños, los migrantes son seres humanos que tienen que ser tratados como tales.  
 
 Por la Dra. Pilar López Fernández, analista y catedrática universitaria