ARTE Y CONTEXTO

Arte, creación y migración

Olvidamos siempre que tenemos una frontera norte impía con nuestros propios migrantes, también perseguidos por la migra como si fueran una plaga...

OPINIÓN

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Julén Ladrón de Guevara / Arte y contexto / Opinión El Heraldo de México

En este México orgulloso de su tradición hospitalaria, los migrantes se han convertido en un enemigo sin rostro humano con una diana en el pecho. Cuando cruzan la frontera sur del país, la consigna es regresarlos a sus tierras aunque ya no tengan patria, recluirlos en campos de concentración incómodos para que no se les ocurra quedarse, causarles problemas burocráticos, maltratarlos.

El estado de vulnerabilidad en el que perviven, los deja a merced de traficantes de toda clase porque no hay quien los mire como personas. Al menos para nuestro gobierno, ellos, que ya no tienen nada y se vieron obligados a dejarlo todo, no valen el costo de atenderlos dignamente, lo que también nos vulnera como ciudadanos. Olvidamos siempre que tenemos una frontera norte impía con nuestros propios migrantes, también perseguidos por la migra como si fueran una plaga y que muchas veces desaparecen para siempre sin que nadie sepa nada.

Como nación, estamos en peligro de perder la empatía por el dolor ajeno primero, y por nuestros hermanos de sangre después, porque la indiferencia es como un hongo que prospera en esta humedad de la intolerancia. Por ello es fundamental visibilizar ese dolor y manifestarnos en contra de la violencia ejercida a un ser humano que en apariencia no posee nada, pero que aun tiene la vida y que la tiene en tan alta estima, que se la juega cada día tratando de permanecer de pie en este mundo contradictorio.

¿Acaso no es la vida misma por la que luchan aguerridamente los antiabortistas, por ejemplo, cuando juzgan a una mujer violada que resultó embarazada? Y entonces, ¿dónde están sus hordas de intolerantes con todos sus recursos morales y económicos, que no ven la muerte y estas tragedias cotidianas que ya nos son tan familiares?

Con ellos no contamos para nada razonable, pero sí podemos conocer los rostros varios del dolor de los migrantes a través de la obra de pintores, fotógrafos, escultores, escritores, documentalistas, compositores, narradores, curadores, periodistas y demás creadores que no están dispuestos a cerrar los ojos ni a darle la espalda a la humanidad. La fisionomía de esta desgracia también la podemos conocer por su trabajo y completar nuestro panorama con su visión particular de ese universo en el que también vivimos, así que existe un mundo paralelo donde las personas dedican su vida a tratar de salvar la de sus semejantes.

Desde sus propias trincheras, los artistas crean piezas de arte a veces crudas, a veces sublimes, para que tú y yo asimilemos el poder que conlleva el permanecer solidarios para no perder las ganas de que otros conserven su dignidad y salvaguarden su existencia. Recomiendo por ello que busquen a artistas como Felipe Baeza, Marcos Ramírez Erre, Teresa Margolles, Raúl de Nieves, Kimsooja; los análisis de la música sobre el tema de Natalia Cruz Bello; documentales como “El camino” de Ishtar Yasin o “El espejo roto” de Marcela Zamora. Realicen búsquedas con frases como “Crónicas de la migración”, “La vida de los migrantes”, “Arte y migración”, “Periodismo y migración” o cosas similares, para que puedan acercarse al tema.

El arte tiene una función más allá de la decoración, porque nos recuerda que tenemos un alma valiosa que no podemos corromper frente a la indignidad, que el dolor de la migración se debe escuchar, observar, leer y todo ello para comprender que si en algo
podemos ayudar, es en generar mejores condiciones para la humanidad a la que de manera obvia, pertenecemos también.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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