COLUMNA INVITADA

Lee: adiós a ciertas estatuas

Resignificar símbolos que hay en espacios públicos es común en todas las metrópolis. Ciudadanía y autoridades modifican nombres de calles

OPINIÓN

·
Salvador Guerrero Chiprés/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Resignificar símbolos que hay en espacios públicos es común en todas las metrópolis. Ciudadanía y autoridades modifican nombres de calles, cambian monumentos y quien lo niega mientras presume saber historia, omite esa verdad histórica: todo cambia. 

Una disputa de tres años en Virginia, Estados Unidos, por ejemplo, entre quienes reivindican la estatua del general Robert Lee y en el contexto del debate de la esclavitud, tuvo el desenlace de su mudanza reciente. 

Representado como el monumento más importante y denunciado como símbolo racista, finalmente fue retirado luego de 130 años de estar en un pedestal. El alcalde afrodescendiente, Levar Stoney, junto a sus contemporáneos, estableció que la ciudad de Richmond no es más el escenario de la Guerra Civil de hace décadas.  

La estatua ecuestre en pose de dominación, la más grande de ese país —con la altura de un edificio de seis pisos— fue retirada por decisión de la Corte de Virginia tras la batalla judicial iniciada por partidarios de mantenerla en el sitio. Las voces identificadas con “así fue la historia y que se mantenga la estatua”, los blancos más conservadores, no quedaron contentos. 

La Ciudad de México no es ajena a la revisión de la historia y en consecuencia a las modificaciones del espacio público 

La Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, encabeza la reivindicación de personajes olvidados, silenciados, y una transformación sustantiva de Paseo de la Reforma con el cambio de la estatua de Cristóbal Colón. 

“¿Pero qué se silencia cuando se pone en el centro del relato histórico a una figura europea, masculina?”, pregunta la Mandataria. Busca así el diálogo sobre un tema que nos ha sido dado unívocamente. La reflexión es pertinente y coloca en un espacio de decisión compartido otra forma de construir espacio público y memoria colectiva.  

Desde el punto de vista que fue dominante, incluido el que comparten algunos historiadores desplazados de la interlocución con el poder, Colón es el descubridor de un nuevo mundo y está disociado con las violencias vinculadas. Las mujeres, las otras, los otros, quienes no comparten esa opinión tienen ahora un poder capaz de argumentar y hacer cambiar aspectos de las narrativas en perpetua revisión. 

En buena parte de América prevalece el eurocentrismo, al igual que la apreciación del arte bajo el modelo grecolatino de belleza, o de la historia desde las plumas de generaciones de intelectuales y políticos que, en su pleno derecho, disputan esa resignificación del espacio público.   

Sin embargo, esos encuadres se han modificado. Basta entrar a internet y observar el intercambio de los usuarios, sus preferencias y mezcla pluricultural. En Colombia, Estados Unidos, Argentina, Venezuela, Bolivia y otras naciones los monumentos a Colón han sido cambiados.  

El debate no puede limitarse a si se quiere o no cambiar la historia, sino al entendimiento de las diversas historias narradas, que resignifican el lugar en la narrativa y permiten tomar conciencia de la otra y el otro, de quien ha sido invisibilizado. 

POR SALVADOR GUERRERO CHIPRÉS

PRESIDENTE DEL CONSEJO CIUDADANO PARA LA SEGURIDAD Y JUSTICIA DE LA CIUDAD DE MÉXICO 

@GUERREROCHIPRES

MAAZ