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Cuarta Transformación celebra con pasión el 15 de septiembre

Hay una falta de rigor importante a la hora de analizar las tradiciones de la Cuarta Transformación. Es común, por ejemplo, calificar como «arcaica» a la forma en que la Cuarta Transformación celebra nuestros hitos nacionales.

OPINIÓN

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Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Hay una falta de rigor importante a la hora de analizar las tradiciones de la Cuarta Transformación. Es común, por ejemplo, calificar como «arcaica» a la forma en que la Cuarta Transformación celebra nuestros hitos nacionales.  

Se asume que esta celebración guarda semejanzas con estilos del siglo XX que son «obsoletos»; como si de verdad existieran alternativas clarísimas —y, sobre todo, evidentemente mejores— al Estado-nación para problemas de esa escala. Me parece que esto más bien revela una posición estética a la que no le gustan las representaciones igualitarias de un proyecto sin distinciones de casta y clase.  

Pero, ¿qué proyecto es este? Básicamente hablamos de México como proyecto nacional, y como herramienta social e histórica para resolver problemas y necesidades generales. Está de moda ser escéptica o escéptico de lo social y colectivo, lo general: vivimos tiempos tan individualistas que la gran pregunta de las ciencias sociales ya no es cuál será la mejor forma de vida colectiva, sino simplemente si podemos vivir juntos y juntas, o no. Lo raro de esta moda es que se mantiene vigente a pesar de su fragilidad: no es que se acompañe este malestar teórico y práctico con alguna praxis superior, o alguna propuesta de buena fe. La crítica cree bastarse a sí misma.  

Esta crítica sólo puede hacerse cuando las necesidades generales no urgen y, por lo tanto, no se sufre ni hambre ni carencia de agua. Además, se tiene acceso a la educación y a la cultura y, sobre todo, al dinero y tiempo necesarios para un ocio bienhabido. Es fácil ningunear al Estado-nación como proyecto cuando se tienen bien cubiertas —aunque sea en lo individual, meramente— todas las necesidades de gran escala. Sin embargo, es importante evitar que gane el pensamiento mágico que, sin decirlo, asume que esas cosas seguirán ahí sin el proyecto nacional que originalmente las construyó.  

La Cuarta Transformación celebra con pasión el 15 de septiembre porque es una fecha que simboliza la recuperación de un medio fundamental en la vida digna del pueblo de México: el país soberano que permite hacerle frente a los problemas colectivos de gran escala. Con ella podremos dibujar mejores horizontes para todos y para todas, sin importar cuán difícil sea el reto. Y eso es digno de alegría social. 

Patricia Ortiz alcaldesa en Magdalena Contreras