COLABORADORA

Instituciones para la prosperidad

México y Estados Unidos comparten una relación multidimensional tan compleja, dinámica y estratégica, que hace necesario que el diálogo permanente

OPINIÓN

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Claudia Ruiz Massieu/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

México y Estados Unidos comparten una relación multidimensional tan compleja, dinámica y estratégica, que hace necesario que el diálogo permanente –más que una virtud deseable– sea una práctica indispensable. Incluso cuando gobiernos en ambos lados de la frontera han asumido posiciones nacionalistas y aislacionistas, los asuntos que interesan y afectan a los dos países nos obligan a sentarnos en la misma mesa para discutirlos.  

Dada su gran importancia, el éxito o el fracaso de nuestra relación bilateral no puede depender de factores volátiles como la empatía personal (o falta de ella) entre presidentes, los vaivenes políticos internos de cada país o las coyunturas globales: se requiere la certidumbre que sólo pueden dar instituciones y mecanismos permanentes, que estén por encima de partidos o ideologías. 

Por eso, en las últimas tres décadas, se impulsó la construcción de un andamiaje institucional para garantizar espacios de diálogo bilateral en áreas estratégicas. El TLCAN, modernizado con el T-MEC, es el caso paradigmático de este andamiaje: un acuerdo que estableció reglas claras para los intercambios comerciales e inversiones. Sin embargo, no es el único; hoy existen diversos mecanismos diseñados para administrar los riesgos y aprovechar las oportunidades de la relación bilateral. 

Uno de ellos es el Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN), creado en 2013 por los entonces presidentes Peña Nieto y Obama. Se trata de una iniciativa para promover la competitividad conjunta, así como para fomentar el crecimiento económico, la productividad, el emprendimiento y la innovación. 

En otras palabras, es un mecanismo que reúne a autoridades de ambos países para discutir cómo fortalecer nuestras economías a partir de prioridades compartidas. Por ejemplo: insertar a más empresas a las cadenas de valor, invertir en infraestructura, crear más y mejores empleos. 

Tras un par de años inactivo, hace unos días se celebró una reunión bilateral con el propósito de poner nuevamente en marcha el DEAN. Ahí se definió un plan de trabajo basado en cuatro pilares: la reactivación económica; la promoción del desarrollo en el sur de México y Centroamérica; el establecimiento de acuerdos para la prosperidad futura y el respaldo a la competitividad de sectores vulnerables. 

La reactivación del DEAN es un acierto del actual gobierno mexicano. Las instituciones bilaterales se crearon, precisamente, para que cualquier administración, en cualquier ambiente, tenga herramientas para dialogar con nuestro principal socio estratégico. Más que formalidades diplomáticas, estos instrumentos son verdaderos activos de la política exterior mexicana, que deben aprovecharse en favor de nuestros intereses. 

En el mundo, la buena vecindad entre países es menos común que el conflicto; son relativamente pocas las naciones que han logrado entablar relaciones bilaterales con un alto grado de institucionalidad y nuestro país es una de ellas. México cuenta así con las instituciones para hacer de su vecindad con Estados Unidos una verdadera alianza estratégica, en lugar de una fuente de preocupaciones. El DEAN, y otros mecanismos internacionales, son la clase de acciones que deben plasmarse en el corazón de nuestra política exterior; por el camino de la institucionalidad, llegaremos a la prosperidad incluyente que queremos.  

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU
SENADORA POR EL PRI
@RUIZMASSIEU

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