DESDE AFUERA

México-EEUU: ¿Trabajos perdidos?

El tema es una piedra para Joe Biden, que no olvida la eficiencia, temporal al menos, con que la administración mexicana frenó a los migrantes

OPINIÓN

·
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

WASHINGTON. Para Jeffrey Davidow, que fue el embajador estadounidense en México entre 1998 y 2002, la historia de las relaciones bilaterales puede ser también un relato de las oportunidades perdidas.

Según Davidow, uno de esos momentos ocurrió en los días posteriores al 11 de septiembre de 2001, cuando el debate político en México le impidió ofrecer una mano a su vecino.

Pero ambos estarán en otro, cuando la urgencia política y las necesidades económica y geopolítica parecen coincidir. 

La actual relación bilateral puede ser descrita como una fuerte y amplia colaboración en los hechos, pero afectada por las percepciones sobre problemas importantes.

La reciente reanudación del Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) es el caso en punto. Las posibilidades de cooperación económica entre los dos países son enormes, y puede afirmarse que deseadas, sobre todo por la posibilidad de mantener su alianza comercial y llevarla a nuevos niveles de competitividad mundial.

De hecho, funcionarios estadounidenses describen al DEAN como un reconocimiento de la importancia que se concede ahora, a la que definen como una relación estratégica entre los dos países, y que curiosamente se refleja en la urgencia política adquirida por el problema migratorio.

Pero a cambio de la creciente convicción de que el problema de migración sólo podrá ser resuelto de manera cooperativa y que una de las rutas correctas sería mediante inversiones y desarrollo en Centroamérica y el sureste de México, queda el punto de que la responsabilidad por crear el ambiente propicio para las inversiones es del gobierno mexicano.

Y el ambiente es una cuestión de percepciones, algo que para muchos estadounidenses está marcado lo mismo por la "estridencia nacionalista" que se atribuye a la retórica del presidente Andrés Manuel López Obrador que por el incesante martinete de los reportes sobre inseguridad, subrayada a su vez, tanto por los frecuentes hechos de sangre, como por la mitología creada por las narconovelas.

La ironía es que precisamente es la urgencia política del tema migratorio la que ofrece al gobierno mexicano una posibilidad de influencia rara vez vista desde la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El tema es una piedra de toque para el gobierno de Joe Biden, que no olvida la eficiencia, temporal al menos, con que la administración mexicana frenó la llegada de migrantes a la frontera al ser amenazado por el gobierno de Donald Trump.

Biden no es Trump ni su estilo o las necesidades políticas de su Partido Demócrata se ajustan a la abusiva fórmula nacionalista del exmandatario republicano, pero su realidad sí.

Más allá de pronunciamientos retóricos, el gobierno de AMLO está consciente de que la economía de México está íntimamente ligada a la de EU. El hecho es que ambos gobiernos parecen obligados a entenderse, o perder otra oportunidad.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

PAL