ARTICULISTA

50 años del Festival de Avándaro

En septiembre de 1971 se leía en varios periódicos de nuestro país una larga lista de frases que descalifican el primer festival de rock que tuvo lugar en México: “encueramiento, mariguaniza, degenere sexual” y otras palabras aparecían en estas notas

OPINIÓN

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Bernardo Noval/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

El Festival de Rock y Ruedas, mejor conocido como el Festival de Avándaro, tuvo lugar hace cinco décadas en dicho poblado del Estado de México, entre el 12 y el 15 de septiembre. De acuerdo a las declaraciones de los organizadores se esperaba la asistencia de alrededor de 100 mil personas, pues el festival estaba planeado como un evento adicional a una carrera automovilística.

Días antes de que iniciara, los diarios publicaron titulares como: “Excelente organización del Festival de Avándaro” o “Prueba de fuego para los festivales de música pop en México”. Mientras que, para el día de la inauguración, en las notas publicadas aún no surgían comentarios sobre las actividades de los espectadores sin afanes estigmatizantes. Sin embargo, el día del concierto la cantidad de asistentes fue muy elevada, y además algunos acontecimientos llamaron poderosamente la atención de los reporteros, como la interpretación de los espectadores cantando la canción “Mariguana” o el tecladista del grupo Peace and Love gritando desde el escenario “chingue su madre el que no cante”, la llamada “desnudista de Avándaro”, y algunos grupos de jóvenes fumando mariguana.

En adelante, las notas pasaron de la narración de los acontecimientos a los comentarios sensacionalistas, y se publicaron entonces titulares como: “Una invasión de hippies pone en alarma a esta población”, “Congestiona a Avándaro el Festival de Rock”, “No existe control en Avándaro. Tambalea el evento automovilístico”, “Piden tropas Federales y policía del DF para que haya orden en Avándaro”, “Estudiantes, malvivientes y vagos en Avándaro”, entre muchas otras más.

Los titulares buscaban mostrar ante la sociedad a una juventud desordenada, desenfrenada, irrespetuosa de la moral, de las buenas costumbres y propensa a delinquir. Independientemente del nombre del diario, en general se construyó ese tipo de narrativa.

Este festival que aglutinó a más de 300 mil jóvenes que se trasladaron a pie, en coche o en autobús, quedaron capturados a través de las imágenes de la gran fotógrafa mexicana Graciela Iturbide.

Durante muchos años las fotografías permanecieron guardadas en el archivo personal de la artista, pero salieron a la luz por primera en el año 2017, cuando en la FIL se presentó Yo estuve en Avándaro, un libro que mostraba las imágenes acompañadas por los textos de Federico Rubli, especialista en rock y otro asistente al festival.

“En Avándaro me encontré con una realidad de mi país que no conocía y que me gustó mucho. Fue muy exagerado todo lo que se dijo. No hubo sexo, ni drogas. Se fumaba mota (mariguana), eso sí, y alguien tendría sexo, pero no lo veías. Eso fue todo”, narraba la fotógrafa galardonada con el Premio Nacional de las Artes en 2009.

Es verdad que en Avándaro se vieron reflejados gran cantidad de procesos culturales, algunos contradictorios. Iturbide retrató la incertidumbre de una sociedad que se reconocía por primera vez fuera de los márgenes culturales tradicionales, en esta serie de fotografías que captaron las tensiones y contradicciones de una sociedad cambiante.

POR BERNARDO NOVAL
CEO MUST WANTED GROUP
@BERNIENOVAL
@MUSTWANTEDG

dza