COLUMNA INVITADA

Un espacio demócrata

Algo de memoria queda y quizá no sería tan difícil volver a pedalear, pero no se estará lista para salir a ninguna calle con destreza, todavía

OPINIÓN

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Patricia Ortiz / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

Las elecciones intermedias del pasado 6 de junio abrieron un nuevo momento político que estará caracterizado por la intensidad. Esto es una buena noticia: nuestra democracia es cada vez más democrática. Atrás quedó la época de la reserva de la actividad política a las élites. Ahora cada vez más personas pueden participar.   

Este momento disloca a la sociedad mexicana: 30 años de reuma política nos anteceden. Cualquier sujeto pierde práctica después de tanto tiempo. Es mentira que lo bien aprendido nunca se olvida: si alguien deja de andar en bicicleta durante 30 años, el primer día que lo intente seguro tropezará. Algo de memoria queda y quizá no sería tan difícil volver a pedalear, pero no se estará lista para salir a ninguna calle con destreza, todavía.  

Me parece que algo parecido sucede a los sujetos políticos. En concreto, algo parecido ocurre al pueblo de México: se acostumbró a no participar. Votar o no votar era lo mismo y cualquier otra oportunidad de acción política era, casi por construcción, una instancia de simulación.  

No había ninguna razón sensata para dedicarle tiempo a la cosa pública, salvo que el ingreso personal dependiera de ello. Todo parecía un guion medio aburrido en el que cada quién hacía su parte y el resultado se desenvolvía mecánicamente. ¿Quién podría estar interesado o interesada en participar en una puesta en escena tan sosa como ésta? 

Sin embargo, el obradorismo vino a cambiarlo todo. Uno de sus logros más importantes es que la vida pública de México es más pública que nunca.  

La buena noticia es que si una es verdaderamente demócrata, esto le sentará bien. No hablo, por supuesto, de esa democracia sin demos que nos vendieron en la fallida transición panista. Hablo de llenar de pueblo la antesala de la política para nunca más vaciarla y que, gracias a este llenado simbólico y material, las decisiones institucionales consideren siempre el punto de vista del pueblo organizado. Esto es lo que realmente significa la frase “con el pueblo todo; sin el pueblo, nada”. En el fondo no es más que un mínimo indispensable para poder llamar democrática, sin dislates, a cualquier república en el mundo. 

Hago una invitación abierta a las y los demócratas de México que quieran estudiar en colectivo los tiempos más participativos que hoy nos convocan. Este espacio no será tribuna de encono, sino de análisis; y estará dedicado a comprender al nuevo régimen de México. Quiero debatir y platicar con los de arriba, los de en medio y los de abajo; sin importar la clase ni el signo ideológico. Bienvenidas todas las personas dispuestas, después de tantos años, a volver a practicar la política en este país.  

POR PATRICIA ORTÍZ

Alcaldesa en Magdalena Contreras 

@Paty_OrtizC 

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