MALOS MODOS

El daño que me hizo el neoliberalismo

Hasta hace unos días, cuando las palabras del Presidente me curaron el alma, yo era poco menos que un despojo espiritual

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

Fue leerlo en un tuit bastante cáustico de José Antonio Crespo y tener… ¿cómo llamarlo? Un golpe fulminante de autoconciencia. Un punto de inflexión en el alma. Casi diría: una iluminación. Cita José Antonio a nuestro Presidente, hombre de altos vuelos intelectuales, que nos explica que la “degradación” de las clases medias se “agudizó” con el neoliberalismo. Que eso fue lo que dio al traste con la gran “reserva de valores de las civilizaciones ancestrales”. Tiene razón. Ahora lo sé.

Visto en retrospectiva, sentí el momento exacto del cambio, del inicio de mi caída, aunque no cobré conciencia del mismo hasta el tuit de José Antonio. 

Una tarde, en el sexenio de Salinas de Gortari, algo me golpeó violentamente el pecho. Era un algo inasible, una fuerza oscura, maligna. El neoliberalismo. 

Y, sí, empecé a cambiar. Primero, desarrollé una afición por el whisky que no he logrado abandonar, y que me avergüenza. Porque no hay bebida más inmoral. Piénsenle. Lo hacen, sobre todo, escoceses e irlandeses, que son gente horrible: blanca y occidental. Hagan de cuenta como whitexicans, pero nacidos en el norte de Europa. Además, es una bebida cara y llena de publicidad fifí. 

Y eso fue sólo el principio. Siguieron que si los cigarros gringos, que si los tenis Reebok, que si los juegos de la NBA. El camino hacia el infierno estaba ya empedrado. 

Enseguida, pensé que me gustaría ganar más dinero. Luego, inadmisiblemente, viví unos años en España, la corruptora, la imperialista. Pero no había tocado fondo. Cumplida la primera década de los 2000, cuando ya estaba en una vorágine de series y comidas gringas, el neoliberalismo culminó su tarea de degradación: ¡me divorcié! 

En algún momento, extraviado, pensé incluso en estudiar en el extranjero, ese pozo de inmoralidad que, como nos explicó el Presidente, hizo que Michael Corleone se volviera un mafioso en aquella versión de El Padrino que sólo vio él.

El neoliberalismo es un veneno que se apodera silenciosa e implacablemente de ti. 

Hasta hace unos días, cuando las palabras del Presidente me curaron el alma, yo era poco menos que un despojo espiritual, capaz incluso de ver con alguna simpatía —Dios me perdone— la derrota de Donald Trump. 

Ya no. AMLO me ha reconducido hacia la luz, hacia el bien. ¿Se dan cuenta del privilegio que es verlo comer tlayudas y barbacha, comidas de veras mexicanas, nuestras, cuatro o cinco veces por semana, y absorber esas enseñanzas, ese ejemplo vivo? ¿Saben cómo eleva el alma ver una piramidota en el Zócalo? Quién sabe. Un día, espero que pronto, quizá logre vaciar el single malt en el lavabo y consagrarme al agua de jamaica.

José Antonio, te invito a recapacitar. Deja esa actitud escéptica, derrotista.

A los demás: sigan al doctor Patán para un detox de neoliberalismo.

POR JULIO PATÁN

JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 

@JULIOPATAN09

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