ANÁLISIS

Servir a los pobres

Los pobres son objeto de uso y abuso por parte de las ideologías de izquierda y derecha por igual. Sin amistad real con este sector, todo es mero maquillaje

OPINIÓN

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Rodrigo Guerra López / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Coneval nos ha informado, hace unos días, que los pobres en México han aumentado en el periodo 2018-2020 de 41.9 por ciento a 43.9 por ciento de la población. ¿Por qué sucede esto? ¿Basta señalar a la pandemia como responsable? Máximo Jaramillo y Julio Boltvinik, con gran tino han mostrado recientemente que los programas sociales del gobierno federal son en promedio más regresivos que los del sexenio pasado. En 2016, 65 por ciento de los hogares más pobres eran beneficiarios de programas sociales. En 2020 sólo 35 por ciento lo han sido. Mencionemos un ejemplo elocuente. 

El programa Sembrando Vida está enfocado a campesinos que posean 2.5 hectáreas, mientras que la mayoría de los hogares rurales de bajos ingresos tienen menos de una hectárea. La presente política social extravió a los más pobres. No los encontraron. Se diseñó de una manera torpe que apunta, por ejemplo, a la clase media rural. Ha sido un lugar común señalar que el conservadurismo neoliberal invisibiliza a los pobres. Los considera una disfunción del sistema. Desde la cómoda vida pequeño-burguesa, en el mejor de los casos, los pobres son objeto de asistencialismo, de colectas de ropa y juguetes en época de Navidad, de limosnas miserables, de conmociones emotivas que duran unos cuantos segundos, así como de reflexiones abstractas y sin rostro que evitan mirar a los ojos al excluido y marginado que tienen delante. 

Sin embargo, algo análogo sucede en las filas de las izquierdas seducidas por la magia del poder. Las élites que gobiernan por la “izquierda” diversos países de América Latina rápidamente se constituyen en oligarquía, en “capitalismo de cuates”, en grupo que vive y convive con una atmósfera de privilegios mientras se llena la boca con una retórica moralista en la que los pobres decoran los argumentos y justifican las decisiones. En el fondo, ambos casos nos muestran que no basta la ideología para atender el dolor de los más pobres. Las miradas punzantes de quienes no tienen comida, medicinas o educación se desdibujan cuando las ideas sustituyen a la realidad. 

Las ideologías – conservadoras o liberales – penetran en lo profundo de la conciencia, enceguecen la razón y desactivan el afecto. Es muy impresionante el grado de ceguera y obcecación que se alcanza cuando la ideología se torna en prótesis del pensamiento. Sin amistad real y empírica con los pobres, sin una decisión de vida compartiendo su suerte, todo esfuerzo de redención social termina vaciándose de contenido y volviéndose maquillaje. 

No es posible servir a los pobres sin hacer cambios profundos en la propia vida. Por supuesto que es preciso diagnosticar con rigor y construir política pública cualificada. Sin embargo, la tecnocracia o las estridencias revolucionarias jamás podrá sustituir lo esencial. En el servicio cercano y directo a los pobres se verifica la autenticidad del compromiso real con el bien común. No hay mejor escuela para la verdadera política, para la “mejor política”, dice el Papa Francisco, en Fratelli tutti.

POR RODRIGO GUERRA
PROFESOR-INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL AVANZADA (CISAV)

dza