COLUMNA INVITADA

Por los jóvenes, contra el tráfico ilícito de armas

Desde entonces, las organizaciones criminales mexicanas han tenido acceso ilimitado al mercado de armas de asalto en Estados Unidos

OPINIÓN

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Miguel Ruíz-Cabañas Izquierdo / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

En 2019 la ONU publicó su último Estudio Mundial sobre el Homicidio, con datos muy dramáticos. (https://www.unodc.org/documents/gsh/pdfs/GLOBAL_HOMICIDE_Report_ExSum_spanish.pdf) Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés) unas 464.000 personas en todo el mundo fueron asesinadas en 2017. Una cifra cinco veces superior a las 89.000 que murieron en conflictos armados en el mismo período. La delincuencia organizada fue la responsable del 20 por ciento de los homicidios a nivel global, pero una tasa mucho mayor, superior al 40 por ciento, en países como México y América Central, la zona más violenta del mundo. A nivel mundial, alrededor del 80 por ciento de las víctimas de homicidio son hombres, y más del 90 por ciento de los sospechosos de homicidio también son hombres.

Los homicidios se producen por causas muy variadas, incluyendo reyertas personales o familiares, crímenes pasionales, robos y asaltos a mano armada. Sin embargo, el Estudio de la ONU también identifica otras causas que van más allá de un solo individuo, como el racismo y el supremacismo racial, la violencia de género, las disputas entre comunidades étnicas por el control de tierras y otros recursos básicos para la supervivencia, como el agua. 

Lamentablemente, en el caso de México, todas esas causas de homicidio están presentes, pero la más aguda, por mucho, es la violencia que ejercen grupos de la delincuencia organizada contra grupos rivales. Esa violencia, que inició paralelamente al narcotráfico, creció desmesuradamente a partir de 2005, cuando el Congreso de ese país decidió eliminar el embargo de ese tipo de armas, que había estado vigente desde 1994. Desde entonces, las organizaciones criminales mexicanas han tenido acceso ilimitado al mercado de armas de asalto en Estados Unidos. 

Según el INEGI, en 2020 en México tuvieron lugar 36,579, con una tasa de 29 por cada 100 mil habitantes, una de las más altas del mundo. Lo más alarmante, pero de ninguna manera una sorpresa, es que el homicidio entre los jóvenes de 15 a 24 años y de adultos de 25 a 34, fue la primera causa de muerte, mientras que en el grupo de adultos entre 35 y 44 años fue la segunda. La mayoría de estos homicidios, 25,456, se cometieron principalmente con armas de fuego. La gráfica del INEGI muestra la relación entre el fin del embargo de armas de asalto en Estados Unidos y el incremento de los homicidios en México, a partir de 2007. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2021/EstSociodemo/Defcioneshomicidio2020.pdf 

Para poner esos datos en perspectiva: según la ONU, en la guerra en Afganistán en 2019 se registraron 3403 civiles muertos y 6989 heridos. En diez años, entre 2010 y 2019, el número total de víctimas civiles, entre muertos y heridos, superó los 100.000. (https://news.un.org/es/story/2020/02/1469971) Hay que decirlo con claridad: en México estamos viviendo una crisis humanitaria de grandes proporciones, causada por el crimen organizado. 

Desde luego que las raíces del crimen organizado en México son muchas, históricas y recientes, estructurales y coyunturales, externas e internas. Incluyen la existencia de un mercado importante de drogas ilícitas en el vecino del norte, la extensión de las organizaciones criminales a otras actividades delictivas (secuestro, extorsión, derecho de piso, trata de personas); la ausencia de cuerpos de seguridad pública confiables a nivel local, estatal y federal, y la corrupción. En nuestro país han fracasado todas las estrategias de seguridad pública federal de los últimos treinta años. Ha faltado un enfoque integral que contemple todos los eslabones de la cadena, y el problema ha seguido creciendo. Pero este enorme reto también se agravó por el tráfico ilícito de armas desde Estados Unidos, porque empoderó a las organizaciones criminales.

La cooperación bilateral contra el tráfico ilícito de armas no es nueva. Desde los años cincuenta del siglo pasado había algún tipo de cooperación para el rastreo de armas. En 1995, se instituyó un grupo bilateral sobre tráfico ilícito de armas como parte del Grupo de Contacto de Alto Nivel, que encabezaron la PGR y la Oficina de Control de Drogas de Estados Unidos, en que participaban las cancillerías y todas las dependencias que tenían algo que aportar en materia de intercambio de información, capacitación y rastreo de armas decomisadas en México. 

Ambos países cooperamos estrechamente en la negociación de la Convención Interamericana contra el Tráfico Ilícito de Armas, aprobada en la OEA en noviembre de 1997, una vez que el presidente Clinton se comprometió públicamente con el presidente Zedillo a concluir ese tratado durante su visita a nuestro país en mayo de ese año, y que hasta la fecha es la única que ha firmado Estados Unidos (http://www.oas.org/es/sla/ddi/tratados_multilaterales_interamericanos_A-63_fabricacion_trafico_ilicito_armas_municiones_explosivos.asp

México fue uno de los principales promotores del Protocolo de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Armas (2002) y la Convención sobre el Comercio de Armas (2014). Por iniciativa de México, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 16 de las Naciones Unidas, que promueve la paz, la justicia e instituciones sólidas, tiene una meta específica de “reducir significativamente las corrientes financieras y de armas ilícitas antes de 2030”. Todos esos esfuerzos son valiosos, deben continuar, pero están lejos de resolver el problema.

Se necesita algo más, con nuevos enfoques. Por eso hay que reconocer la importancia de la demanda civil presentada por el gobierno mexicano contra once empresas estadounidenes productoras de armas de asalto en una Corte Federal en Estados Unidos. Estas empresas, junto con sus distribuidoras, son corresponsables del tráfico ilícito de armas entre nuestros países, que supera las 300 mil unidades cada año. No se trata de una demanda contra el gobierno de Estados Unidos que, al menos con Biden en la presidencia, ha manifestado los mismos deseos de que el Congreso de su país renueve la prohibición de la fabricación y venta de armas de asalto, que no son deportivas ni para defensa personal.  Se trata de comprobar que las empresas demandadas se han dedicado a satisfacer una demanda creciente de armamento de gran calibre, que tiene su origen en las organizaciones criminales mexicanas, y ellas lo saben.

La demanda presentada puede, o no, ser exitosa, porque las empresas demandadas cuentan con muchos y poderosos defensores, entre los que destaca la National Rifle Association, uno de los más poderosos grupos de cabildeo en Estados Unidos. Seguramente llevará mucho tiempo antes de que la Corte de Boston emita su sentencia. Pero ya tuvo el efecto de señalar, a nivel nacional e internacional, la negligencia e irresponsabilidad con la que han actuado dichas empresas. A México le asiste una razón moral, política y jurídica. Esa razón ya está teniendo un impacto significativo entre los medios, organizaciones de la sociedad civil, expertos y académicos. Muchos gobiernos y organizaciones internacionales observarán con gran atención el curso de la demanda. 

El gobierno mexicano debe prepararse para cualquier eventualidad. Será objeto de duros ataques en algunos medios y círculos políticos estadounidenses. Además, la estrategia no puede centrarse únicamente en esta demanda civil. Hay que considerar medidas adicionales, como hacer un esfuerzo del lado mexicano de la frontera común, para detectar y detener el tráfico ilícito de armas, que se base en tecnologías no intrusivas. Hay mucho margen para realizar investigaciones conjuntas que ayuden a desmantelar a los grupos que llevan a cabo el trafico transfronterizo e ilegal de armas. Los jóvenes nos lo agradecerán.

POR MIGUEL RUÍZ-CABAÑAS IZQUIERDO ES PROFESOR, Y DIRECTOR DE LA INICIATIVA SOBRE LOS OBJETIVOS DE

DESARROLLO SOSTENIBLE EN EL TECNOLÓGICO DE MONTERREY

@miguelrcabanas

miguel.ruizcabanas@tec.mx

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