TRES EN RAYA

Festival en playas de Rosarito

El conteo de contagiados dentro de una y dos semanas dará una idea de cuáles fueron los efectos sanitarios de llevar a cabo el Baja Beach Fest

OPINIÓN

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Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Incongruentes todos. La autoridad que dio los permisos para un evento en las playas de Rosarito, el cual aglutinó a más de 20 mil almas, así como los asistentes al evento, sin olvidar a los organizadores.

El “Baja Beach Fest” que se llevó a cabo este fin de semana en las playas de Rosarito en Baja California y que continuará este próximo fin de semana, es el epítome a la incongruencia, máxime ante la tercera ola que inunda al país de personas contagiadas por el covid.

Las autoridades calculan que el total de la derrama económica por el festival oscilará entre los 280 a 300 millones de pesos. Aunque algunos empresarios —no los organizadores— calculan que podría ser de hasta 50 millones de dólares. La cifra (cualquiera que sea) incluye el alojamiento de los participantes y sus gastos en comida. Tan solo la entrada a los días del festival va de los siete mil a los 12 mil pesos por persona. Con esos precios, el 60% del boletaje fue adquirido por público estadounidense que se desplaza a las hermosas playas de nuestro país.

El secretario de salud de Baja California, Alonso Pérez Rico, declaró que el documento con las medidas sanitarias a realizar es de lo más sólido realizado a nivel mundial para cualquier reunión multitudinaria. Suena genial, pero en el festival no se ha visto que se cumpla todo lo ahí establecido.

Basta señalar que a todos los asistentes se les pedía prueba de no tener covid o, bien, certificado de vacunación, pero no todos lo presentaron. También que asistieran con cubrebocas, medida cumplida a medias, pues los asistentes entraban con el mismo, pero en el espectáculo y a la salida, dicha protección desaparecía. La “sana distancia” simplemente no existió.

Al ritmo que uno guste, ya sea de música electrónica, latina y reguetón (lo que se toca en Rosarito), las preguntas deben seguir sonando: ¿Cuál es el costo en términos de rosarinos contagiados contra derrama económica?, ¿quién cubrirá dichos costos?, ¿los organizadores del festival, hoteleros y restauranteros, el gobierno? Seguramente, serán las mismas personas contagiadas sin contar con ningún tipo de apoyo de quienes instrumentaron el festival.

No entendemos. Vencer al covid es un trabajo de equipo. Del gobierno que marque las directrices necesarias y plausibles, tanto en la teoría como en la implementación de las mismas; de los empresarios a quienes les urge abrir y tener recursos frescos, pero que deben cumplir con los lineamientos de medidas sanitarias; y sí, de todos los que asisten a dichos eventos.

Ni entendemos ni hay congruencia. Como particulares se pide que aún no se de el regreso a clases de forma presencial, pero se defiende un festival multitudinario con la falsa diatriba de que los asistentes son extranjeros y regresarán a su país a contagiar a estadounidenses. Claro, como no conviven con rosarinos en hoteles, restaurantes, tiendas y transporte… Y no se diga de los lugareños que sea por trabajo o gusto tuvieron que estar en dicho evento, nos podemos imaginar el nivel de contagio.

La reactivación económica es un tema tan vital como la salud de las personas, especialmente en los destinos turísticos del país donde el ingreso de las familias depende en su totalidad de quienes vienen a descansar, a disfrutar las playas o a tener momentos de esparcimiento. Pero si queremos que se dé dicha reactivación, esta se debe hacer de forma tal que no por un evento los costos superen a los ingresos.

El conteo de contagiados en Baja dentro de una y dos semanas dará una idea de cuáles fueron los efectos sanitarios de llevar a cabo el “Baja Beach Fest”. Ojalá sean los mínimos. No se olvide, los costos en vidas, son superiores a cualquier costo económico.

POR VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

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